– Buena resistencia a la corrosión y bajos costes de mantenimiento.

– Es ligero y los costes de transporte y puesta en obra son bajos.

– Es reciclable si no está protegido con determinados revestimientos.

– El proceso de producción exige un cosumo muy intenso de energía.

– La proporción de aluminio respecto al volumen de excavación es baja.
El aluminio se produce mediante la electrólisis de la bauxita, una roca que contiene depósitos residuales de óxidos hidratados de aluminio.

Como ocurre con todos los metales, la materia prima del aluminio es un recurso natural que se destruye. En el caso del aluminio esta destrucción es mayor ya que se obtienen bajas cantidades de metal a partir de grandes volúmenes de excavación.

El consumo de energía en la extracción del material y su transporte es considerable. Por ello, la energía consumida por tonelada de material es aproximadamente nueve veces la que cosume el acero, y treinta y cinco veces la que consume el cemento. El procedimiento de fabricación origina residuos pesados y emite gases que no se pueden reciclar.

El alto consumo de energía en el proceso de fabricación puede compensarse si se explotan de forma conveniente las características del material. Es un metal ligero con un coste de mantenimiento bajo, debido a su natural resistencia a la corrosión. De esta forma el menor consumo de energía y trabajo en su puesta en obra, reduce el mayor coste inicial.

El aluminio tiene un potencial de reciclabilidad muy alto, aunque algunos tratamientos superficiales dificultan el proceso. La energía que se requiere para el proceso de reciclado representa el 5% de la que se requiere para producir aluminio a partir de la bauxita.

Aunque el aluminio reciclado tienen una alta cantidad de impurezas es suficientemente puro para las aplicaciones comunes en la construcción.

Los tratamientos superficiales que se aplican sobre el material y que solamente tienen una función estética -lacados y otros que incorporan color- deberían ser reconsiderados porque limitan su grado de reciclabilidad. La resistencia a la corrosión del aluminio no hace necesaria la utilización de pinturas protectoras.

No obstante, hay que proteger el aluminio del contacto directo con ácidos o substancias alcalinas, porque atacan al metal y sus óxidos. El contacto del agua con materiales procedentes del cemento favorece la formación de sales, que rompen la protección anódica del aluminio y atacan el material de base. También es necesario evitar el contacto con otros metales para prever una corrosión bimetálica.

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