Es previsible que las exigencias funcionales (de la fachada) se complicarán en el futuro por la migración hacia el perímetro exterior de muchos otros elementos. Las razones pueden ser varias: el hecho de que las funciones de captación y control serán más complejos, su permanencia en el tiempo o, incluso, la avidez por la relación con el exterior de algunas funciones conocidas o nuevas.

L’habitatge contemporani: programa i tecnologia. Ignacio Paricio y Xavier Sust. 6.2 Els elements additius
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El muro de fachada no solamente es un elemento constructivo pasivo que satisface exigencias como la estanqueidad al agua y al aire, el aislamiento térmico y acústico, y el filtro de la luz y de las vistas, entre otras.

El muro de fachada puede ser un elemento activo del control de la ventilación, del clima y del asoleo del espacio interior. El muro, en sí mismo, o como soporte de sistemas de acondicionamiento, puede equiparse con elementos de captación energética, ventilación, climatización, etc… y otros equipos todavía en estudio. En nuestro clima, al menos, debe ser soporte de la protección contra el sol, mediante la que se puede reducir el consumo de energía del edificio, sobre todo ahora, que las superficies acristaladas de los edificios y las exigencias de confort van en aumento.

Principios de diseño.

El muro de fachada debe proyectarse de manera que sea soporte, fácilmente adaptable, de futuras adiciones o transformaciones del equipamiento de acondicionamiento ambiental.

Aplicabilidad del principio

En lugar del muro de fachada habitual deberíamos pensar en un muro que incorpore los elementos de soporte de varios equipos como: paneles de células fotovoltaicas o de otro tipo, equipos de aire acondicionado, aparatos de climatización, control lumínico, elementos reflectores, aislamiento específico, etc. La adición de los equipos que hemos propuesto debe efectuarse por el exterior, de modo que también se deben estudiar los aspectos compositivos.

Por otro lado, los componentes a los que no referimos tienen origen en tecnologías en rápida evolución y que tienen una vida útil muy inferior a la del edificio. En consecuencia, es necesario prever soluciones versátiles, tanto en su forma constructiva como compositiva. En realidad, deberíamos pensar en un muro de soporte de elementos intercambiables. Por ejemplo, las hojas exteriores -incluso las interiores- del muro de fachada podrían ser fácilmente sustituibles por otras mejor equipadas.

No obstante, el caso más común será el de prever la necesaria versatilidad del muro como soporte de equipos y sistemas transformables. El muro debe tener el espesor suficiente para incorporar los equipos; asimismo, el diseño compositivo debe ser suficientemente abstracto, para integrar con facilidad el aspecto poco previsible de los equipos y sistemas de acondicionamiento. En la práctica, algunos equipos voluminosos necesitarán una sección de mayor espesor del habitual. En cambio, otros son laminares, de forma que pueden incorporarse a la fachada mediante unas soluciones constructivas semejantes a las de una hoja exterior de una fachada ventilada.

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