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Fecha: 20/12/2017

Idioma: Castellano

Autor: Victoria Carmona Buendía y Elisa Valero Ramos, Universidad de Granada

Procedencia: Publicado por primera vez en la revista Arquitectonics: mind, land & society número 27 2015

 

Existe evidencia científica de que el medio físico en que se prestan los cuidados sanitarios tiene un considerable impacto en la salud y el bienestar de los pacientes. Así se puede hablar de la existencia de un “diseño basado en la evidencia” (decisiones tomadas sobre la base del conocimiento empírico y no en intuiciones) como análogo arquitectónico de lo que se conoce como “medicina basada en la evidencia” (Hamilton, 2004). En 2004 el Centre for Health Design (una de las principales organizaciones de investigación que lidera la búsqueda de mejorar la calidad de la asistencia sanitaria a través del diseño y la arquitectura) publicó un informe en el que se revisan y evalúan las investigaciones disponibles sobre las relaciones entre las características del medio físico hospitalario y los resultados clínicos (Ulrich y Zimring, 2004). En dicho informe se revisan más de 600 investigaciones y concluye con la existencia de una fuerte evidencia científica sobre la relación del entorno físico de los hospitales con la reducción de errores médicos, la mejora del sueño de los pacientes, la reducción del dolor y del consumo de fármacos, la disminución del estrés y con la mejora en otros resultados (Manzanero, 2009). El cuidado del entorno físico del hospital puede ser, de esta manera, una herramienta para hacer los hospitales más eficaces y más humanos.

 

Elisa Valero

 

Esta evidencia científica y la necesidad de cumplir con estándares y protocolos internacionales de cuidados de la infancia hacen que cada vez seamos más conscientes de la importancia que tienen para el bienestar y la calidad de vida del paciente pediátrico y su familia, los factores organizativos y físicos del entorno hospitalario.

Cuando un niño es hospitalizado debe enfrentarse a las consecuencias físicas de la enfermedad y a los procedimientos médicos, pero también a todo lo que rodea a esta nueva situación, incluyendo los cambios que se producen en su vida cotidiana (Méndez y Ortigosa, 2000). Entre los objetivos de los servicios sanitarios, se debería incluir mejorar la adaptación del paciente pediátrico y de su familia a los cambios que necesariamente conlleva la hospitalización, pudiéndose considerar esta medida como un indicador de la calidad asistencial del hospital.

Para entender como un niño puede asimilar o concebir un espacio físico que lo rodea, se debe atender a las características generales de la percepción:

–  Es selectiva, la persona no puede percibir todo al mismo tiempo así que reduce de forma selectiva, voluntaria o inconsciente en el caso de los niños su campo perceptual en relación a determinados aspectos a presentar de la realidad, junto con una clara jerarquización de ellos. En este sentido la arquitectura puede proporcionar claves de referencia positivas para la percepción.

–  Es subjetiva, ya que las reacciones a un mismo estímulo varían de un individuo a otro.

– Está influenciada por el ambiente, la forma en que los individuos llevan a cabo la percepción evoluciona a medida que se enriquecen las experiencias.

Según Ullán (2004) dada la naturaleza del entorno hospitalario, su organización y su sistema de funcionamiento, considera que este entorno tiene una gran capacidad de generar estresores ambientales simbólicos para los pacientes y sus familias. En el caso de los pacientes pediátricos, el proceso puede ser aun más acusado por las propias peculiaridades de la interpretación cognitiva y la valoración afectiva infantil del entorno. Pero también es cierto que las mismas peculiaridades de los pacientes infantiles permiten disponer en su entorno, con relativa facilidad, estímulos cuyo efecto sea el contrario, esto es, distensores ambientales simbólicos asociados a experiencias infantiles emocionales positivas y con una alta capacidad para incidir en el bienestar de los niños hospitalizados.

En 1997 Méndez y Ortigosa hicieron una clasificación de estresores hospitalarios en cuatro grupos:

– Los derivados de la enfermedad en sí misma (dolor, secuelas, riesgo de muerte, etc.)

– Los relacionados con las procedimientos médicos (inyecciones, extracciones, cirugía, etc.)

– Los vinculados con la estructura y la organización del hospital (decoración, tiempos de espera, incertidumbre, etc.)

– Los asociados directamente con las relaciones personales (separación de los seres queridos, relación con desconocidos, etc.).

El presente trabajo se centra en el estudio de estos estímulos ambientales para, a través de la arquitectura, potenciarlos si son positivos o atenuarlos si son negativos y de esta forma conseguir pautas para el diseño de hospitales acordes con las nuevas concepciones de la salud, entendiéndola como el compendio entre el bienestar físico, psicológico y social, y más cuidosos con el impacto emocional que la experiencia de hospitalización puede tener en el niño. Un entorno físico adaptado a las características del paciente hospitalizado ayudará a reducir el nivel de estrés y a promover y aumentar el bienestar y la calidad de vida de los usuarios del hospital.

La búsqueda de los estímulos ambientales en el entorno hospitalario esta basada en la información científica disponible sobre los efectos terapéuticos que tiene el ambiente físico en el proceso de recuperación de los pacientes, la obtenida de las investigaciones centradas en la observación de centros hospitalarios y la normativa y regulación nacional e internacional sobre el cuidado de la infancia en los contextos sanitarios, especialmente la Carta Europea de Derechos de los Niños Hospitalizados.

En base a las clasificaciones de Méndez y Ortigosa (2000) y en la realizada por Ullán (2004) los estímulos ambientales se dividen en estructurales, perceptivos y funcionales según la siguiente tabla:

Estímulos estructurales: Iluminación, calidad del entorno y privacidad.

Estímulos perceptivos: Aspecto interior, tratamiento gráfico y color.

Estímulos funcionales: Confort en el uso de los objetos (mobiliario, equipamiento, etc..), socialización y juego.

 

Estímulos estructurales:

Iluminación y calidad del entorno: La influencia en los pacientes de la calidad paisajística del entorno divisado desde el hospital, la relación entre vistas naturales y resultados positivos para la salud y en particular en la reducción del estrés, ha quedado demostrada en varios estudios de investigación (Van der Berg, 2005).

En un estudio sobre la importancia de la naturaleza en los pacientes hospitalizados llevado a cabo por Ulrich (1984) los resultados indicaron que los pacientes que fueron asignados a habitaciones con ventanas que ofrecían vistas de elementos de la naturaleza tenían periodos de postoperatorio más cortos, valoraron más positivamente al personal sanitario y tomaron menos analgésicos que los pacientes que fueron asignados a habitaciones con ventanas mirando a edificios de ladrillo. Posteriormente Ulrich (1991) comprobó que los pacientes expuestos a escenas de la naturaleza con agua o con arboles tuvieron menos ansiedad que los que se expusieron a otro tipo de escenas o a ninguna.

En el sanatorio de Paimio (Finlandia) Alvar Aalto puso especial atención en la distribución, funcionamiento y orientación del bloque principal. Las habitaciones las situó orientadas a sur-sureste, todas con visión de la vegetación exterior, y las salas de reposo para los enfermos se situaron en el extremo de cada planta, orientadas al sur, consiguiendo así el máximo aprovechamiento de la luz solar y facilitando la rehabilitación de los enfermos. La iluminación se cuidó también en la habitaciones, la luz artificial se colocó en una disposición indirecta, y se aprovechó al máximo la luz natural. Así explicaba Alvar Aalto como la luz mal utilizada podía ser un estresor ambiental para el paciente: “Antes de hacer el Sanatorio de Paimio, caí enfermo y tuve que permanecer durante tres años en un hospital. Este edificio estaba pensado por hombres en posición vertical, los cuales no tomaban en consideración a los hombres en forzosa posición horizontal que iban a alojarse en él. Por ejemplo, mi habitación tenía una lámpara en el centro del techo ¿Saben qué tortura supone la diaria contemplación desde la cama de aquella luz? Para una persona sana, esto pasa inadvertido; pero, para un enfermo, constituye una tremenda tortura. Aquel edificio –no importa qué otras buenas condiciones reuniera– era un fallo, porque no partía de la fundamental: el hombre. En el sanatorio que proyecté, la luz se dispuso, para la comodidad del enfermo, detrás de su cabeza, de modo que a él no le molestara cayendo tangencialmente a su espalda”

 

La privacidad del paciente. Otro aspecto importante en la mejora del bienestar del usuario de un hospital infantil es la privacidad. Existen numerosos estudios en los que mediante encuestas a pacientes hospitalizados consideran la privacidad como algo necesario y que no es fácil de conseguir en los entornos hospitalarios. Según Cedrés (2000) la sensación de privacidad es crucial para los pacientes de cáncer ya que suelen manifestar sentimientos de depresión ansiedad, temor de ser discriminado, rechazo, etc.. por tanto el ambiente físico, como el tamaño de los espacios, deben proveer niveles adecuados de privacidad. Para Blumberg y Devlin (2006) las personas tenemos una necesidad innata de mantener el sentido de la territorialidad. En el hospital donde la movilidad está reducida la habitación se convierte en el territorio del paciente. En un estudio realizado por Ullán (2010) con adolescentes hospitalizados el 60,4% de los encuestados afirmaron preferir que la habitación del hospital fuese individual, en caso de tener que compartirla el 86,4% afirmo que prefería compartirla con alguien de la misma edad y el 13,5% afirmó que no le importaba la edad del compañero. Frente a las preguntas de cómo les gustaría que fuese su habitación un 91% de los encuestados reclamó más espacio para sus pertenencias personales y lugares para colgar sus fotos, poster, etc.. una forma más de marcar el territorio y hacerlo personal.

 

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