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Fecha: 19/12/2015
Idioma: Castellano
Procedencia: CASASOLO Arquitectos
Ubicación: España

Artículo del despacho de arquitectura CASASOLO.

Como diseñadores de hospitales afrontamos continuamente el reto de intervenir en hospitales existentes, encontrándonos con multitud de dificultades que nos han llevado a establecer criterios de actuación en materia de flexibilidad y elasticidad en nuestros proyectos.

La problemática de la obsolescencia de las infraestructuras hospitalarias

Las áreas del hospital que más se ven afectadas por los cambios son las derivadas de la necesidad de ampliación de las áreas ambulatorias, incluyendo las consultas externas, la unidad quirúrgica sin ingreso, las reformas y ampliaciones de los servicios centrales intervenciones y de diagnóstico (bloque quirúrgico, diagnóstico por la imagen, urgencias, etc.), así como la mejora de las unidades de hospitalización.

Algunas de nuestras consideraciones en cuanto a la incidencia de una reforma hospitalaria en el conjunto del hospital, se basan en la experiencia en actuaciones sobre edificios construidos en España en los años cincuenta o sesenta, según el modelo de edificio mono bloque, en los cuales, por su compacidad y rigidez, cualquier intervención de ampliación de un área determinada repercute directamente sobre sus áreas inmediatas, lo cual, en la mayoría de casos, obliga al traslado de determinados servicios, con el consiguiente efecto dominó sobre el conjunto.

Lo anterior pone en evidencia las dificultades de intervenir sobre determinados modelos arquitectónicos como los que han configurado los hospitales en décadas pasadas, basados en un modelo completamente cerrado muy funcionalista, sin ninguna posibilidad de modificación sucesiva.


Las mejoras en las dotaciones llevadas a cabo en casi todas las áreas hospitalarias, a lo largo de estos años, derivados de un mayor nivel de servicio en general y que, en ocasiones, ha representado doblar la superficie por cama hospitalaria, difícilmente puede encajar con un modelo que fue pensado, para darlo por cerrado, hace cuarenta o cincuenta años. Incluso cada vez está más vivo el debate sobre la conveniencia de mantener y rehabilitar estos edificios o de si hemos llegado ya al punto en que es mejor declarar el final de su vida útil y apostar por la sustitución completa de la infraestructura.

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