Fecha: 17/07/2015
Idioma: Castellano
Autor: David Rodríguez y Pedro Acosta
Procedencia: IMTECH
Ubicación: España

Los contratos de mantenimiento de instalaciones térmicas se han convertido, desde la entrada de la crisis económica, en una de las partidas presupuestarias que más se ha reducido en clientes privados y en administraciones públicas. Para lograr esta reducción de coste, se ha recurrido a la reducción de los presupuestos de licitación, así como a la reducción del alcance del servicio. Este tipo de prácticas, que sólo persiguen el equilibrio financiero a corto plazo, no son sostenibles en el tiempo.

Dado que el coste de inversión dedicado a la renovación de instalaciones tampoco se ha visto incrementado, la obsolescencia y el mantenimiento de perfil bajo puede perjudicar gravemente a las instalaciones existentes a medio plazo.

La creencia de que el mantenimiento puede reducirse a su mínima expresión, quedando en lo legalmente establecido (solo mantenimiento preventivo técnico legal), tiene una serie de repercusiones técnico-económicas que trataremos de presentar brevemente en las siguientes líneas.

Por una parte, el actual Reglamento de Instalaciones Térmicas de Edificios (conocido como RITE), presenta ciertas lagunas en cuanto a la definición de las operaciones a realizar. A modo de ejemplo, cuando se refiere a “Revisión de bombas y ventiladores”, no especifica qué tareas se deben realizar en los mismos. Lanzamos una pregunta al aire, ¿es suficiente una inspección visual del funcionamiento? Bajo nuestro punto de vista no, a pesar de que pueden ser los requisitos del cliente los que nos lleven a la reducción del servicio a su mínima expresión.

Esto conlleva que la finalidad del mantenimiento preventivo, que es alargar el máximo posible la vida útil de los equipos en condiciones de seguridad y eficiencia óptima, no se esté realizando tan eficientemente como debería, y a corto plazo se produzcan mayor número de averías con paradas en los equipos y aumentando el coste en reparaciones e incluso sustituciones de los equipos antes de llegar al final de su ciclo de vida teórico.


Por lo tanto lo que inicialmente es una reducción en los costes de mantenimiento para el cliente, se convierte a corto – medio plazo en un incremento de costes. Este incremento puede llevar a superar el importe que hubiera supuesto un contrato de mantenimiento más sostenible y mejor planificado, huyendo de mínimos.

De esta manera el control económico por parte de los gestores de instalaciones se vuelve cada vez más complejo y es difícil estimar las partidas presupuestarias que año tras año se destinarán al mantenimiento, siendo lo más habitual que solo se mantengan e incluso se reduzcan.

En este escenario, la política de Imtech es no cumplir únicamente con los mínimos, es tratar de llegar de acuerdo con el cliente a un punto de equilibrio del alcance del servicio y el importe del contrato. Gracias a esta forma de trabajar Imtech mantiene relaciones contractuales de larga duración con un gran número de clientes que siguen confiando en esta compañía. La fidelización basada en la calidad del servicio es una máxima de la compañía.

FUENTE: IMTECH

 


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