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El agua es el compuesto químico más abundante en nuestro planeta. Forma parte de la composición de todos los seres vivos y la utilizamos constantemente tanto a nivel doméstico como en otras aplicaciones industriales y tecnológicas.
El agua que llega a un hospital es un agua totalmente apta para el consumo humano pero normalmente contiene determinadas sales disueltas (cloruros, sulfatos, calcio, etc.) en diversas concentraciones dependiendo de su origen.
El hospital es por una parte responsable de mantener esta calidad hasta su consumo y por otra parte, debe considerar que las sales disueltas pueden representar un inconveniente en determinados procesos e instalaciones (lavandería, laboratorios, hemodiálisis, etc.) que requieren un agua con unas características específicas.
Asimismo, en un hospital, todos los tratamientos deben respetar siempre la legislación vigente, y en particular deben tener en consideración:
– El Real Decreto 140/2003 sobre la calidad del agua de consumo humano.
– El Real Decreto 865/2003 sobre la prevención de la legionelosis.
– La Orden Ministerial SAS/1915/2009 sobre sustancias para el tratamiento del agua
destinada a la producción de agua de consumo humano
– La Guía Técnica del Ministerio de Sanidad y Consumo para la prevención de la
legionelosis en instalaciones.
– El Código Técnico de la Edificación (CTE).
– El RITE.
– La Norma UNE 112076 sobre la prevención de la corrosión en circuitos de agua (citada en el RITE).
– Otras Normativas exigibles (calderas de vapor, agua para laboratorios, agua para diálisis…).
Por todo ello, en cada hospital, siempre será necesario considerar las diversas calidades de agua requeridas y contemplar los tratamientos que el agua requiere en los circuitos de consumo humano así como en aplicaciones específicas.

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