Fecha: 21/09/2015
Idioma: Castellano
Procedencia: Jesús Muñoz Sanz CEO de ITC, S.A. (Ingeniería y Técnicas Clínicas)
Ubicación: España

En la actualidad, los equipos para la dosificación de gases medicinales, puede que sean los más numerosos de entre todos los que un hospital necesita para prestar la asistencia sanitaria a sus pacientes. Es muy frecuente, encontrar en la cabecera de las camas de hospitalización o boxes de urgencias, caudalímetros de oxígeno y reguladores de vacío, pues forman parte de la dotación inicial de cualquier cama en un hospital.

Con el presente artículo, pretendo exponer la situación actual de estos dispositivos y lanzar las distintas posibilidades de evolución, que desde mi punto de vista, podemos esperar en un futuro, quizás no muy lejano.

En la elaboración de un proyecto para construir un hospital, siempre aparece un capítulo dedicado a la instalación de las canalizaciones de gases medicinales. Esto consiste en una red de tuberías que conducirán los distintos gases, desde los tanques de líquido, o las botellas de gases comprimidos, hasta los puntos de suministro en los quirófanos o en las habitaciones de los pacientes. Oxígeno, vacío (que se produce con las correspondientes bombas eléctricas) y aire medicinal, son los tres gases más usados, pero suele también canalizarse el protóxido de nitrógeno, aire motriz, y menos frecuentemente el dióxido de carbono, nitrógeno y otras mezclas aplicables a terapias y técnicas específicas. Voy a centrar la atención sobre los equipos destinados a la dosificación de oxígeno (caudalímetros) y los reguladores de vacío (vacuorreguladores).

Para la dosificación de oxígeno, habitualmente podemos encontrar tres tipos de caudalímetros:

• los que hacen flotar una “bola” por la corriente (imagen 1), que son los más frecuentes pues el personal sanitario puede ver si hay flujo o este se interrumpe,

• los que limitan el flujo en distintos “pasos” mediante orificios calibrados (imagen 2)

• y los ya en desuso que miden la presión de la corriente y muestran el caudal en una mal llamada “esfera” que no es sino un manómetro calibrado en unidades de caudal volumétrico (imagen 3)

Cuando comencé a trabajar en este sector sanitario, una de las primeras cosas que me llamó la atención desde mi formación como ingeniero, es que se usara como unidad de medida para este tipo de aparatos el litro por minuto. El medir el gasto en unidades volumétricas en lugar de en unidades másicas como en otros sectores como por ejemplo el aeronáutico, nos introduce un error en la medida, pues el volumen depende de la temperatura y sobre todo de la presión. 


Así pues, la inmensa mayoría de los equipos utilizados para administrar oxígeno a los pacientes, ofrecen una lectura que depende de la presión de la línea, y esta varía de una forma muy significativa, de una toma a otra y en ocasiones a lo largo del día, dependiendo de la demanda existente en dicha línea. Para intentar compensar este error, existen caudalímetros que incorporan una etapa de regulación a la entrada, cuya misión es estabilizar la presión haciéndola constante e independiente de la de suministro, obteniendo así una mayor precisión en la lectura del caudal, sin necesidad de recurrir a la electrónica como hacen los caudalímetros másicos que incorporan los ventiladores de cuidados intensivos o las máquinas de anestesia.

Para terminar con los caudalímetros, cuando no hay canalización de gases se montan directamente sobre botellas de gas comprimido. Estos son básicamente los mismos, aunque instalados tras una etapa previa de regulación de presión (“manorreductor”), similar a la anteriormente descrita, aunque esta vez el salto de presión es mucho mayor, pues la presión de envasado del oxígeno en España son 200 bar, y la presión de suministro en las líneas suele rondar los 4,5 bar.

Y he dejado para el final, la descripción de los aspiradores. Estos son aparatos que regulan la presión mal llamada “negativa”, pues simplemente está por debajo de la atmosférica. Este gradiente de presión negativo, produce una corriente que se usa para aspirar. Cuando existe canalización de vacío, se utilizan los vacuorreguladores (imagen 3). Existen otros tipos de aspiradores, los que en lugar de una fuente de vacío utilizan una fuente de presión, en este caso son los llamados venturis, y por último los eléctricos que incorporan una bomba alimentada por energía eléctrica.

Normativa y Seguridad

Desde mediados de la década de los 90, se aplica en Europa la directiva comunitaria de productos sanitarios 93/42/EEC. La trasposición en España es el Real Decreto 1591/2009.

El objetivo de la Directiva es garantizar la “seguridad de pacientes y usuarios”. Los Organismos Notificados que auditan a las empresas fabricantes de equipos médicos, comprueban esta garantía mediante ensayos clínicos o mediante el cumplimiento de Normas de referencia aplicables a los diferentes equipos.


Las Normas de referencia aplicables a los equipos de dosificación son:

• Caudalímetros: UNE-EN ISO 15002:2008

• Manorreductores: UNE-EN ISO 10524-1:2007

• Vacuorreguladores: UNE-EN ISO 10079-3:2009

A nivel normativo en España tenemos una complicación añadida, pues solamente tenemos un reglamento (ITC EP-6) que fija como deben ser los envases y las conexiones de los gases a presión, es decir las botellas de gases y sus grifos. Pero no tenemos una normativa aplicable para las conexiones en las canalizaciones de los hospitales, teniendo como resultado instalaciones con distinto tipo de conexión dentro de un mismo hospital, y en ocasiones en la misma planta, dependiendo de qué compañía haya realizado esa parte de la instalación. Mi sugerencia al respecto es que, en ausencia de un estándar en España, comencemos a usar en las nuevas 4 construcciones el futuro estándar europeo EN 737-6 y por una vez nos adelantemos a nuestros socios europeos.

Mercado de los gases: Guía para la evolución

Actualmente las empresas gasistas facturan a los centros sanitarios los gases que ponen en los tanques de líquido o en las botellas. Pero el mercado podría cambiar si se facturase por paciente ingresado, por intervención, por tratamiento… O bien por lo realmente consumido en cada toma de gas. En este escenario, el hospital podría no asumir la instalación y el mantenimiento de las redes de gases, siendo estas funciones/costes asumidos por el suministrador.

Los fabricantes tendremos que diseñar equipos que cubran las necesidades del mercado, suministrando por ejemplo sets con caudalímetros desechables si la facturación es por paciente o introduciendo la electrónica en las instalaciones para tener información del consumo y horario de cada toma, con el fin de optimizar costes y a su vez poder controlar el cumplimiento de los tratamientos. De la misma forma, la electrónica podría ayudar a resolver los problemas de precisión en las medidas de caudal o en la detección de fugas en la instalación.

En definitiva una vez más, las empresas fabricantes pondremos nuestros recursos y nuestro ingenio al servicio de los economistas que con sus tablas de Excel modifican el mercado y condicionan la evolución de nuestros productos.


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