La tecnología vestible empieza a hacerse un hueco a través de pulseras cuantificadoras y relojes conectados, dispositivos que actúan de sensores corporales y vislumbran nuevos usos en el ámbito de la salud.

Son parte del internet de las cosas y, aunque sus usos se limiten aún al ámbito de la actividad física o a ser sencillas extensiones de los teléfonos móviles inteligentes, grandes actores tecnológicos están interesados en ellos. Compañías como Google y Apple ya han dado pasos para, aprovechando la alta penetración de la tecnología personal, ahondar en el entorno de la salud.

En concreto, Apple presentó hace unas semanas la aplicación Health, destinada a centralizar toda la información sobre la salud y la actividad del usuario: variables como el ritmo cardíaco, el nivel de glucosa en sangre o la frecuencia respiratoria. Por su parte, la tecnológica de Mountain View (California) ha anunciado la plataforma Google Fit, también pensada para organizar toda la información física que pueda recolectar un usuario.

 

Hasta que estas iniciativas se materialicen de forma sólida, pulseras y relojes conectados actúan de avanzadilla de esta nueva era de medición y monitorización. Trabajan asociados a un teléfono móvil inteligente o a un ordenador y su actividad se centra básicamente en medir el movimiento, con el objetivo de promover una vida saludable, y el sueño de una persona.

 


Moto 360 de Google destaca entre las pulseras cuantificadoras y relojes conectados que pugnan por liderar el mercado a la espera del iWatch de Apple

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