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Fecha: 2018

Idioma: Castellano

Autores: Marta Parra y Angela E. Müller. Servicio de arquitectura y consultoría

Procedencia: Parra-Müller Arquitectura de Maternidades

Web: ver aquí

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Decía Michel Graves que en cualquier buen diseño debe haber igualdad entre la función pragmática y la función simbólica.

La funcionalidad de nuestros hospitales se da por descontada, (aunque siempre hay excepciones y mejoras a futuro).

El paradigma existente ofrece a la ingeniería el área de trabajo de la funcionalidad, y a la arquitectura una especie de territorio de nadie, donde se maneja como puede, a caballo entre la funcionalidad, el diseño y la sensatez.

 

La belleza ha quedado fuera de los objetivos habituales del diseño y gestión hospitalaria, entendiendo como superfluos o secundarios los beneficios que pudiese aportar, ya que en la máquina de salvar vidas que supone un hospital, no queda casi margen para lo accesorio.

 

La evidencia científica lleva años, sin embargo, recordándonos que la belleza y la armonía tienen un impacto enorme en el estado de ánimo de los pacientes, por presencia o por ausencia, y por tanto tiene una incidencia elevada en la capacidad de recuperación de los usuarios del hospital. Sobre todo en pacientes que tienen que habitar el hospital durante el tiempo suficiente como para que su diseño y ambiente, con sus aciertos y errores, les condicione su estado de ánimo, y por tanto, su bienestar y salud.

En la búsqueda de la belleza como algo innato e instintivo al ser humano y su bienestar, el diseño hospitalario que incorpora la belleza como factor implícito y herramienta proyectual aporta a nuestros edificios una categoría más de salud.

Los pacientes vulnerables y sus familias, al igual que las personas trabajadoras y profesionales que trabajan en turnos largos o muy largos precisan de entornos amigables, confortables, que incorporen elementos de conexión con la naturaleza, que no alteren los ciclos de vigilia y sueño, que aporten bienestar a través también del confort sensitivo (acústic, visual, táctil…).

 

El precio que supone una adaptación de los espacios bajo este enfoque de humanización no es comparable con el valor conseguido. Con soluciones de bajo coste respecto de cualquier inversión hospitalaria de otro ámbito, se pueden conseguir resultados de alto impacto.

Porque, además, la belleza rema siempre a favor de la funcionalidad, por lo que un buen diseño es aquel que balancea armoniosamente entre ambos conceptos, sin olvidar la sostenibilidad y la tecnología.

 

“Para hacer las cosas bien es necesario: primero, el amor, segundo, la técnica”. Antoni Gaudí.

Sin defender exactamente el orden propuesto por Gaudí, nos quedamos con la suma necesaria de ambos factores.

 

“Healing design o el poder de la belleza al servicio de la salud”, fue el título de la comunicación premiada que realizó Marta Parra en el pasado Congreso de la Asociación de Ingeniería Hospitalaria, en Canarias, en octubre 2017.

 

En la imagen: Hospital de Palmio, Finlandia. Aino Marsio-Aalto y Alvar Aalto. 1927-1929

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