Comprender, construir y reparar. El grupo de investigación Specs (Synthetic Perceptive, Emotive and Cognitive Systems) un equipo de más de veinte investigadores -liderados por el profesor Paul Verschure- estudia el cerebro y cómo entrenarlo. Los robots sirven de plataforma para aplicar lo que se sabe sobre un órgano que a día de hoy sigue escondiendo muchos misterios y aprender más sobre cómo funciona la mente.

 

A lo largo de diferentes salas albergadas dentro de uno de los edificios del campus de la Comunicación-Poblenou de la Universitat Pompeu Fabra se distribuyen los espacios donde trabaja el grupo.

 

Despachos, simuladores de realidad virtual, laboratorios… En las estanterías de las diferentes salas, en medio de un orden caótico que da a entender que no se trata de laboratorios al uso, se encuentran archivadores y papeles mezclados con cables, dispositivos, ordenadores viejos, drones, bicicletas y dispositivos de todo tipo. En medio de ese aparente desorden que transpira experimentación, hay también robots. Desde algunos que parecen simples máquinas a otros con forma de pez o que emulan algunas características de insectos. Muchos los construyen ellos mismos.

 

Cada uno tiene su porqué. “Nuestro cerebro dedica mucho espacio a la navegación. Un pez sabe navegar muy bien, así que podemos estudiar la dinámica de los animales para construir robots que puedan ser útiles para la sociedad”, explica Anna Mura, neurocientífica dedicada a la comunicación científica y actividades de divulgación. “Hasta ahora los robots tienen bastantes limitaciones, pero muchos de los que tenemos aquí son autónomos y eso es una gran ventaja. Pueden navegar, socializar, aprender…”, añade Mura.

 


En el grupo de investigación Specs de la UPF estudia con inteligencia artificial en busca de aplicaciones clínicas

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