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Varios investigadores españoles abrieron ayer un camino que a partir de ahora podrán transitar las unidades hospitalarias de grandes quemados. Este grupo de científicos hizo público el diseño de su prototipo de bioimpresora 3D, capaz de crear piel humana «totalmente funcional» con el fin de producirse con bajo coste, a gran escala y apta para ser trasplantada a pacientes que necesiten cualquier injerto. La descripción de este avance se ha publicado en la revista Biofabrication y el modelo industrial podría estar listo en apenas dos o tres meses.

«Cuando uno habla de impresoras 3D se imagina que lo más difícil es hacer la impresora, pero esa no es la dificultad mayor. Están basadas en impresoras normales, solo hay que adaptarlas para que en lugar de imprimir en un plano lo hagan en tres dimensiones», declaró el gijonés José Luis Jorcano, profesor de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M), cuyo departamento de Bioingeniería e Ingeniería Aerospacial ha sido el principal responsable de tal diseño.

El profesor asturiano apunta que «el meollo está en las biotintas» de unas bioimpresoras 3D que podrían usarse en multitud de investigaciones dérmicas, así como para probar productos cosméticos. «Ahora con esto se da un paso más. Entre nuestros objetivos está la automatización del proceso, la producción a mayor escala y abaratar los costes de la creación de piel humana», señaló Jorcano durante la presentación del prototipo.

La deposición de estas biotintas, patentadas por el Ciemat y bajo licencia de BioDan Group, está controlada por ordenador y se realiza de manera ordenada en una placa para ir produciendo la piel, que luego se introduce en una incubadora a 37 grados centígrados. «El proceso de producción de estos tejidos se puede realizar de dos maneras: piel autóloga, creada caso a caso a partir de células del propio paciente para usos terapéuticos como quemaduras graves, y piel alogénica, a partir de células de cualquier persona donante», detalla la unidad mixta Ciemat/UC3M en un comunicado.

 


Esta piel podrá ser utilizada en investigación, para probar productos cosméticos y para trasplantes

Esta última manera es la que estaría más avanzada y sería la más indicada para efectuar test químicos, de cara a su aplicación hacia medicamentos o el mundo de la cosmética. En ambos procesos hay que extraer, al igual que con la técnica manual, las células del paciente/donante a través de una pequeña biopsia, cultivarlas en el laboratorio y conseguir su multiplicación, en un procedimiento que puede durar unas dos o tres semanas.

Una vez que se han conseguido suficientes células, se mezclan con el resto de componentes biológicos para su impresión en cuestión de minutos. Así, la máquina «trabaja en condiciones de seguridad y evitando la contaminación de otros agentes como bacterias», según Jorcano.

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