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Las aplicaciones de la impresión 3D son infinitas y, sin duda, las soluciones que se plantean en el sector sanitario son algunas de las más revolucionarias e interesan en todo el mundo. Aunque la bioimpresión aún es un ámbito incipiente, ya se emplea para fabricar tejidos como piel, cartílagos, huesos y vasos sanguíneos. Esta técnica permite crear capa a capa estructuras biológicas para experimentaciones médicas o trasplantes. Algo de lo que se pueden beneficiar también las industrias que rodean al ámbito de la salud como las farmacéuticas, que podrían reducir así el tiempo de desarrollo de medicamentos.

Además de mejorar la calidad de vida de millones de personas, todo esto también genera nuevas oportunidades de negocio, así como diferentes opciones de empleo. En este escenario, ya ha nacido una figura profesional novedosa. Se trata de los diseñadores de órganos, es decir, médicos o enfermeros muy cualificados que dominan el mundo de la impresión 3D. Un perfil que será imprescindible en hospitales y laboratorios para que se implementen estas técnicas.

La impresión 3D de órganos permite a los cirujanos preparar operaciones complejas

“El despegue de estas metodologías se debe al avance de la impresión 3D y a los descubrimientos en la ciencia de los biomateriales, que investiga los materiales que se pueden incorporar dentro de un organismo vivo”, apunta Silvia Leal, experta en transformación digital.

Lo cierto es que las expectativas que se han puesto en este sector son muy altas, sobre todo, porque promete convertirse en el futuro de los trasplantes. En Europa, más de 70.000 personas necesitan uno y en Estados Unidos, la cifra asciende a 120.000. La bioimpresión pondría solución a las listas de espera, ya que estos nuevos expertos crearían órganos específicos para cada paciente. El reto ahora es fabricar estructuras con las células del propio paciente, algo que además minimizaría el riesgo de rechazo.

Organovo fue la primera empresa especializada en este sector. Nació en 2007 en California. Uno de sus fundadores es Gabor Forgacs, pionero en imprimir venas y tejido cardiaco. La firma es líder en el mercado y en 2013 alcanzó uno de sus mayores hitos: imprimió hígados en 3D que sirvieron para probar nuevos fármacos. En 2014, comenzó a comercializar material hepático para ensayos de nuevos medicamentos. Otra de las referencias en este sector es el peruano Anthony Atala que, junto con su equipo, consiguió implantar siete vegijas artificiales y en 2011 imprimió un riñón.


Los especialistas en bioimpresión 3D cambian por completo el mundo de la salud, ya que son capaces de fabricar estructuras complejas como huesos, cartílagos y hasta órganos. Estas creaciones se emplean ya para la experimentación médica y los trasplantes.

Investigación

“Actualmente, la mayoría del trabajo se da en el ámbito de la investigación. Todavía hay muy poca oferta en el panorama comercial, pero irá creciendo”, asegura Jorge Pérez, CEO de Imprimalia3D, que añade que el personal dedicado a investigación en el desarrollo de la bioimpresión 3D es un equipo multidisciplinar compuesto por médicos e ingenieros. De hecho, en las escuelas de ingenieros ya hay asignaturas y cursos de biomedicina que proporcionan a sus alumnos los conocimientos necesarios para trabajar junto con los investigadores y médicos de forma fluida.

Los médicos e ingenieros trabajan de forma conjunta para desarrollar nuevas técnicas

En España, uno de los diseñadores de órganos más prometedores es Darío García. Tiene 23 años, estudió Biología y cuenta con un doctorado en impresión 3D en oncología por la Universidad Católica San Antonio de Murcia. En 2016 creó la compañía Cella Medical Solutions, especializada en el desarrollo de soluciones médicas utilizando tecnologías de impresión 3D y software específico. Han patentado un procedimiento de impresión 3D en 150 países. Éste permite obtener réplicas de órganos de los pacientes que se van a someter a una operación compleja. También se encargan de la bioimpresión en investigación oncológica, del desarrollo de prótesis y guías quirúrgicas y de la creación de fármacos utilizando esta tecnología.

García confirma que para llevar a cabo todo esto es imprescindible contar con un equipo versátil formado por técnicos de imagen y radiólogos que tratan las imágenes médicas, e ingenieros informáticos, industriales y electrónicos, biólogos y perfiles comerciales muy especializados. “Es complejo encontrar profesionales que se adapten a nuestras necesidades. Es crucial tener conocimientos en diagnóstico y anatomía por la imagen médica y competencias muy específicas en diferentes procesos de impresión 3D”, matiza.

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