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Fecha: Junio 2018

Idioma: Castellano

Autores: Maria José Herrero, arquitecta en JG Ingenieros

Procedencia: JG Ingenieros

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Definición y funciones

Los espacios colectivos de los edificios sanitarios están menos condicionados por las características de la actividad médica y por eso son los que pueden ser resueltos, a veces, de manera más libre y creativa. Sin embargo, es fundamental comprender su importancia dentro de la función específicamente asistencial del edificio.

La función más obvia de los espacios colectivos hospitalarios es la función simbólica. Los espacios colectivos constituyen la primera impresión que el usuario recibe del edificio, y por lo tanto marcan el “tono” de la experiencia y permiten transmitir elementos de IDENTIDAD CORPORATIVA de la institución. Como tales, son un elemento de diferenciación y posicionamiento del edificio como “marca” y juegan un papel en la satisfacción y fidelización del usuario. Esto es esencial en los centros privados y en los países donde el concepto “paciente” se superpone al de “cliente”.

Además, y teniendo en cuenta que nos encontramos con edificios que suelen tener una estructura compleja, son espacios de ORIENTACIÓN ESPACIAL donde el usuario puede comprender la totalidad del edificio u orientarse en él. Por su configuración, pueden ser espacios desde donde se percibe la totalidad del edificio (pasillos exteriores hacia patios, dobles alturas, terrazas) pero también suelen ser sitios donde confluyen ejes circulatorios y por lo tanto es esencial que estén diseñados de manera que el usuario encuentre fácilmente la dirección a seguir.

Y dentro de la tendencia de una atención centrada en el paciente y la familia, la función esencial de estos espacios es la de HUMANIZAR la actividad sanitaria: permiten la distracción de los pacientes y sus acompañantes, facilitan la interacción entre personas que comparten una misma experiencia generalmente complicada y traumatizante y ofrecen una cara más amable y doméstica a un espacio tradicionalmente asociado a la enfermedad y la tristeza. Un paciente más tranquilo y mejor acompañado… sana antes y mejor. Esto implica un cambio radical:dejar de considerar al paciente como un enfermo y entenderlo como un “usuario global”, comprendiendo la importancia del entorno en el proceso de curación e incorporando a la familia y las personas de compañía en este proceso.

 

¿Cuáles son los espacios colectivos y qué elementos cabe considerar?

Cuando hablamos de espacios colectivos nos referimos a todas aquellas áreas de acceso público para pacientes no acompañados por personal médico, familiares y visitas. Al ser de circulación general, son además los espacios que vertebran el hospital y a partir de los cuales se accede a las sucesivas zonas asistenciales. Son, de modo general, los siguientes:

  • Hall de acceso
  • Pasillos generales
  • Vestíbulos de ascensor y escaleras de uso público
  • Zonas de espera: espera general, zonas de espera en las unidades
  • Espacios exteriores accesibles: patios, jardines, terrazas
  • Espacios de restauración: cafetería, restaurante
  • Espacios comerciales: tiendas, quioscos de prensa
  • Espacios de culto

 

Sin ser una lista exhaustiva, algunos de los elementos a tener en cuenta en cada espacio son:

HALL DE ENTRADA: Los usuarios deben entrar en el edificio y no sólo orientarse de manera visual e instintiva, sino encontrar toda la información que requieren: puestos de atención al público, pantallas, carteles, etc. Tanto la solución arquitectónica como los materiales deben ser pensados en función de la importancia simbólica de este espacio, para dotarlo de una imagen de calidad y seriedad institucional, pero a la vez para dar una primera impresión acogedora y tranquilizadora al paciente. El hall debe contar con un acceso vehicular y ser absolutamente accesible para todo tipo de pacientes.

 

CIRCULACIONES GENERALES: los edificios hospitalarios pueden ser complejos y de gran tamaño y los usuarios suelen hallarse en una situación de estrés y ansiedad que no facilita su orientación. Es fundamental que las circulaciones generales estén correctamente dimensionadas para no transmitir la sensación de “pasillo interminable” aun cuando los recorridos sean efectivamente largos. Esto se logra con el diseño cuidadoso de la relación entre los pasillos y los espacios exteriores, el ritmo de los espacios adyacentes (esperas, zonas de atención al público, etc.) y la inclusión de luz natural.

 

ZONAS DE ESPERA: deben preverse espacios adecuados para pasar las largas horas de espera que suelen estar asociadas a los tratamientos médicos: áreas con mobiliario resistente pero acogedor, distribución flexible que permita tanto una espera tranquila y silenciosa en soledad como la formación de grupos en pequeñas zonas de estar. La idea es alejar la impresión de “aeropuerto” y acercar la idea de “espacio doméstico” al hospital. Es fundamental la iluminación artificial cálida, y la luz natural siempre que sea posible. También es importante la provisión pantallas de televisión que puedan servir tanto para los sistemas de entretenimiento como para información general del centro. Es conveniente prever conexión de datos vía wifi e incluso zona de acceso a ordenadores y pantallas donde los usuarios puedan consultar información general sobre los servicios y, dependiendo de la organización del centro, incluso gestionar citas, esperas, etc.

Es importante la relación de estos espacios con el exterior y con la naturaleza, ya que las familias y acompañantes pueden pasar largo tiempo en estas áreas, y también es conveniente que se encuentren cerca de los puntos de información, de manera de minimizar los traslados.

 

ESPACIOS EXTERIORES ACCESIBLES: aunque no siempre son fáciles de conseguir en la fase de proyecto, los espacios exteriores se han revelado fundamentales tanto para el paciente como para la familia. No sólo favorecen la curación sino que permiten “desconectar” y descansar. Es importante que estos espacios tengan vegetación y que ésta sea de fácil mantenimiento (nada hay más descorazonador que un jardín descuidado), que se incorpore color y si es posible aromas y sonido. Son numerosas las experiencias que han demostrado la eficacia de los “jardines de curación” en los edificios sanitarios, por lo que es importante hacer un esfuerzo como proyectistas para darles la importancia que tienen.

 

ESPACIOS DE RESTAURACIÓN: estos son importantes sobre todo en los edificios que no se encuentran en un entorno urbano, y pueden variar desde los pequeños puestos de cafeterías (una barra) hasta los restaurantes completos para dar servicio a todas las comidas. Es imprescindible que estén cerca de los puntos de acceso y de las circulaciones generales, pero que además resuelvan correctamente los aspectos logísticos asociados (suministros, residuos) y estén diseñados de manera de no interferir con el resto del edificio, tanto por la aglomeración de gente como por el ruido o los olores. En hospitales con una alta gestión hotelera estas áreas también pueden aportar valor añadido a la oferta sanitaria.

 

ESPACIOS COMERCIALES: sobre todo en los países desarrollados se observa la tendencia hacia la incorporación de espacios comerciales, ampliando la oferta de productos tradicionalmente ofrecidos en los edificios sanitarios. A los quioscos de prensa, tienda de regalos y farmacia se añade la venta de insumos de salud: aparatos ortopédicos, productos de higiene personal y otros productos relacionados específicamente con las especialidades tratadas en el edificio. De esta manera, el hospital consigue una fuente de ingresos por el alquiler comercial de estas zonas y los pacientes pueden acceder más fácilmente a los productos que necesitarán posteriormente al tratamiento. Por lo tanto, y dependiendo del tipo de institución y del espacio disponible, es una opción que merece ser considerada desde el proyecto, ya que implica una resolución de aspectos logísticos diferentes a los de la función sanitaria.

 

¿Cómo es la situación en otros entornos sanitarios?

Ahora bien, el panorama cambia levemente en los países en desarrollo.

En estos países los indicadores suelen cambiar, por las características propias de los sistemas de salud. Hay menor cantidad de hospitales y centros de referencia, por lo que éstos tienen una cobertura geográfica mucho mayor. Esto hace que los pacientes viajen a veces muchos cientos de kilómetros hasta el centro de salud y alarguen su estancia todo el tiempo necesario para completar las pruebas diagnósticas o los tratamientos prescritos. Todo esto, acompañados muchas veces por más de un miembro de la familia. Si el paciente es local, no es inusual ver a familias enteras esperando pacientemente por los pasillos. Por esto, los espacios comunes deben pensarse para una alta ocupación y para una estancia que puede prolongarse por días e incluso semanas. Su resolución es fundamental para mejorar la interacción de los acompañantes con el paciente y el personal y para reducir el número de acompañantes que entran en las zonas asistenciales.

Los pasillos deben estar dimensionados para incluir sub-zonas de espera cerca de las unidades más críticas: Hospitalización, UCI, Neonatología, Maternidad. Estas zonas suelen tener alta concentración de acompañantes y, si no existen los espacios de espera, las familias acaban instalándose provisionalmente en los pasillos, estorbando la circulación y el trabajo de pacientes y personal.

Dependiendo del clima, las zonas interiores colectivas en estos entornos están generalmente reducidas a un mínimo para reducir costes. Como consecuencia, las familias y acompañantes utilizan las zonas exteriores como espacios colectivos improvisados. Por esto, es conveniente integrar estas zonas con el edificio mediante estrategias de proyecto y arquitectónicas: pasillos y zonas semicubiertas que abran naturalmente al exterior, con una adecuada protección solar y contra la lluvia, patios bien dimensionados y con algún tipo de mobiliario que permita su utilización, etc.

Además, en estos países la familia provee muchas veces al enfermo de cuidados básicos como la comida, ropa limpia e higiene diaria, por lo que al programa funcional tradicional se agregan otras áreas: lavabos y vestuario de familiares, cocina y comedor, lavandería y secado de ropa, e incluso dormitorios para la estancia nocturna. De no ser así, como nos ha tocado ver alguna vez, la familia termina “ocupando” los espacios asistenciales para estas tareas, entorpeciendo el trabajo del personal y afectando la funcionalidad general del edificio. Es usual ver gente lavando la ropa e incluso la lencería en los lavabos de las habitaciones, encontrar a toda la familia duchándose en las zonas de pacientes, comiendo en los pasillos e incluso durmiendo en camas improvisadas en el suelo, debajo o al lado de la cama del paciente.

En resumen, en estos países los espacios colectivos no son un argumento comercial y de calidad inmobiliaria y asistencial, sino que son espacios de uso activo de una gran cantidad de personas que, de no gestionarse, pueden llegar a obstaculizar el funcionamiento del edificio y poner en riesgo las condiciones de higiene y salubridad necesarias en un centro de salud. Allí, no sólo hay un ratio mayor de acompañantes por paciente sino que su participación en los cuidados es esencial. Por lo tanto… los edificios deben estar preparados también para ellos.

 

hospital camerun

 

¿Qué elementos determinan la calidad de los espacios colectivos?:

Dimensiones y distribución:

  • Dimensionamiento adecuado teniendo en cuenta la realidad social de los usuarios.
  • Vale la pena estudiar la ubicación de espacios más pequeños pero repartidos en todo el edificio y cerca de las unidades asistenciales, para minimizar desplazamientos.

Luz natural:

  • Maximizar el uso de la luz natural
  • Tener en cuenta los mecanismos de oscurecimiento y control de temperatura
  • Estudiar la combinación con luz artificial mediante mecanismos de control, para ahorrar energía.

Color / materiales / arte:

  • Incluir estos elementos para alejar la imagen tradicionalmente estéril y fría de los espacios hospitalarios
  • Diseñar cuidadosamente su incorporación, sin perder de vista la higiene y el mantenimiento.

Naturaleza:

  • Acceso o al menos visuales hacia elementos verdes o hacia el entorno, cuando exista.
  • Incorporación de verde en el interior
  • Patios ajardinados integrados en la planta
  • Terrazas, cubiertas accesibles, espacios exteriores con vegetación de bajo mantenimiento
  • Incorporación de agua (tener en cuenta el clima y su mantenimiento e higiene)

Mobiliario:

  • Elementos cómodos y fáciles de mantener y limpiar
  • Sistemas flexibles que permitan distintas configuraciones
  • Mobiliario especial para niños en zonas convenientemente preparadas

Elementos auxiliares y tecnología:

  • acceso a internet
  • televisión
  • máquinas de dispensación de bebidas, alimentos
  • cajeros automáticos
  • terminales informativos fácilmente operables por el usuario: pantallas táctiles, ordenadores, etc.

Señalización:

  • mecanismos pasivos e intuitivos que permitan a los usuarios orientarse fácilmente en el edificio
  • utilización estratégica de colores y materiales
  • paneles informativos
  • integración de la señalética en la arquitectura

 

Conclusión

Esta visión de los espacios colectivos como indispensables implica en realidad un nuevo modelo de pensamiento donde la salud no se consigue a través del aislamiento y desde lo específicamente asistencial. En este nuevo modelo asistencial centrado en el paciente y la familia como un todo, la salud constituye un estado de bienestar al que el paciente llega más fácilmente si el entorno es agradable y tranquilizador, con la compañía y la asistencia de sus seres queridos. Por esto, los espacios colectivos ya no son los espacios “no asistenciales” donde el arquitecto puede dar rienda suelta y los inversores “atraen al cliente”, sino que son espacios esenciales del proceso de tratamiento y curación. Como proyectistas es nuestra tarea incorporarlos al proyecto y diseñarlos con tanto cuidado como los espacios médicos.

 

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