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Fecha: 2018

Idioma: Castellano

Procedencia: Asociación Española de Ingeniería Hospitalaria

Web: ver aquí

Autor: Jose Antonio Rodríguez Leyva, Director General Sisemed

 

Las innovaciones tecnológicas disruptivas que han aparecido en los últimos años también afectan a los equipos médicos y a los servicios técnicos de mantenimiento de electromedicina. El ingeniero clínico cobra en este contexto una especial relevancia.

No acabamos de creernos que todo en la naturaleza está conectado, pero las evidencias son abrumadoras. Y si no estamos convencidos, las nuevas tecnologías lo están consiguiendo, casi sin darnos cuenta.

El Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid, a través de su Comisión de Ingeniería Médica y Salud, organizó recientemente una jornada titulada “El mantenimiento electromédico, reflexiones tras una década convulsa”. Las convulsiones a las que se refería eran las provocadas por la falta de inversión en tecnología médica que nos ha impuesto la crisis. En este contexto, cuando no hay inversión, al responsable de mantenimiento se le mira con más cariño y, sobre todo, se le exige más. Gestores, fabricantes y prestadores de servicios estaban de acuerdo y, sin que ello sirva de precedente, han tenido que arrimar más el hombro para que la disponibilidad de los equipos y dispositivos médicos se ajustase a los crecientes niveles de actividad clínica.

Porque, eso sí, pueden haber disminuido inversiones, pero no así la actividad clínica. Así lo demuestran los indicadores a nivel nacional y una de las primeras conclusiones del estudio “La sanidad española en cifras 2016”, donde se constata “el envejecimiento de la población y el consiguiente aumento de personas dependientes y pluripatológicas en el sistema. Este último hecho sumado a los que se derivan de las condiciones de entorno y los estilos de vida, impiden que la presión asistencial y las necesidades de recursos sociosanitarios disminuyan, por lo que el sistema, sigue sobrecargado en el 2016 y, a la espera de las mejoras que puedan derivarse de la tímida superación de la crisis.”

Esto, añadido a una más que patente obsolescencia tecnológica del parque de equipamiento médico (ver estudios base de Fenin), nos deja un panorama de equipos y dispositivos médicos con muchas batallas a sus espaldas, basados en tecnologías que podrían calificarse al límite de la vigencia o incluso superadas. Se necesita con urgencia un “plan renove”.

A todo ello se ha enfrentado el mantenimiento, mermado también de recursos por la crisis. En esta situación, los servicios técnicos de los hospitales, fabricantes y proveedores de servicios han tenido que unir esfuerzos. Las consecuencias donde no ha sido posible esta unión son claras: falta de revisiones, equipos mal calibrados o, incluso, sin calibrar; en definitiva, empeoramiento de la calidad del servicio de electromedicina y, en consecuencia, más riesgo para el profesional clínico y para el paciente.

No debe olvidarse que la tecnología médica es el único elemento en un hospital que está en contacto con el profesional técnico, el profesional clínico y el paciente. Supone una verdadera extensión física irrenunciable tanto para el personal clínico, por lo que el empeño del profesional técnico para garantizar su disponibilidad de uso, ha de ser máximo.

Sin embargo, en el Plan Nacional de Calidad del Sistema Nacional de Salud, la estrategia 6, “Evaluar las tecnologías y procedimientos clínicos como soporte a las decisiones clínicas y de gestión”, no hace mención alguna al profesional técnico. ¿Cómo es posible?

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