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Fecha: 30/10/2018

Idioma: Castellano

Autores: Patricio Martínez, Director General de PMMT Arquitectura

Procedencia: PMMT Arquitectura

Web: ver aquí

 

En algún momento la arquitectura se desvió de su camino. El foco dejó de ser el hombre -el confort del ser humano- para centrarse en otros aspectos, sean estética, economía, eficiencia, moda o afirmación cultural. Por inconsciencia o por interés, muy a menudo se ha olvidado que la humanización es inherente a la arquitectura, que forma parte de su definición misma.

La función nuclear de la arquitectura es humanizar los espacios: convertir un entorno hostil en un entorno humano. Es decir, crear las condiciones para que el lugar en el que estoy sea para mi lo más confortable posible, lo más “humano” posible. Llueve, pero estoy a resguardo; hace frío, pero mi comedor es cálido. Éste es el papel último de la arquitectura; porque lo que yo necesito de mi entorno es que no me moje, que no tenga frío, que esté confortable.

La sala de espera del centro de reproducción asistida Institut Marquès, con una distribución en forma de nidos, permite respetar la privacidad de los pacientes.

 

Una arquitectura desenfocada -o enfocada en otras prioridades- ha tenido como consecuencia directa la pérdida de su humanización. Y ahora debemos añadir un adjetivo a un sustantivo que ha renunciado a su esencia. Pero es innecesario sacar a relucir el tema si se está hablando auténticamente de arquitectura: el reto, por lo tanto, es devolver a la arquitectura lo que nunca debería haber perdido. El reto es re-humanizar la arquitectura.

Naturalmente, humanizar una habitación -en nuestro caso, la habitación de un hospital- no es responsabilidad exclusiva de la arquitectura. Gran parte de la carga depende de factores donde la arquitectura tiene poco o nada que decir, como el servicio, trato o protocolos del propio hospital, determinantes en este aspecto. Pero la arquitectura puede y debe actuar en el contenedor. Y puede y debe ser determinante para favorecer todos estos procesos, acompañando todas las necesidades no sólo de los pacientes y familiares, sino de todos los profesionales del hospital.

 ¿Cómo podemos los arquitectos humanizar una habitación? Simplemente haciendo buena arquitectura -haciendo una arquitectura que ponga el foco en el ser humano; en nuestro caso, en el paciente y en el médico. Y la buena arquitectura es compleja, porque debe tener en consideración el ser humano en toda su diversidad, en su amplio abanico de preferencias y necesidades. Supone atacar el objetivo desde múltiples ámbitos.

 Esencialmente, tenemos que hacer que el paciente sienta que la habitación donde está pertenece a un hospital, pero también conseguir que le pertenezca a él. Que se sienta en un entorno propio. Esto significa lograr que nuestras habitaciones se parezcan más a una casa que a un quirófano. Pero también significa que tenemos que ser capaces de personalizarlas para que se parezcan cada vez más a nuestra propia casa, y no a la casa del vecino. Es decir, que sean confortables en relación con los estándares de confort de cada uno de los pacientes, de cada uno de nosotros.

La humanización sólo se consigue pensando en cómo puede mejorar la calidad de vida de cada usuario, de cada persona que va a estar en la habitación. Entendiendo que allí va a haber un paciente con unas circunstancias particulares, y que el objetivo es generar este confort y este bienestar. Por lo tanto, la arquitectura debe tener una visión poliédrica del confort del paciente, e intervenir desde todas las perspectivas que hacen que una habitación sea humana.

Podemos identificar algunas de las caras más evidentes de este complejo poliedro que es la comodidad de los pacientes en relación con su estancia en la habitación, y en las que desde PMMT estamos investigando para conseguir un mejor servicio pensando en los pacientes, y sobretodo, pensando en cada paciente.

Humanizar las habitaciones es utilizar materiales saludables (www.friendlymaterials.com): entender que la salud también tiene que ver con el tipo de materiales que nos rodean, con la calidad del aire que respiramos, o con las interferencias que pueden generar ciertas redes electromagnéticas. Añadir la variable “Salud” a la ecuación habitual que usamos para prescribir materiales:

La Accesibilidad Universal también es humanizar. Que puedas moverte de una manera digna, que sea tu familiar quien pueda ayudarte a ir al baño de una manera digna, y que puedas ducharte o ir al baño sin tener que hacer equilibrios, también es humanizar una habitación. Accesibilidad Universal es tomar en consideración todos los tipos de diversidad funcional y limitaciones en el uso del entorno que una persona pueda tener para garantizar que el confort sea realmente el de todos y que puedas acceder y moverte de manera completamente autónoma.

La iluminación, hoy en día más escenográfica que confortable, debe pensarse en relación con el tono, posición, utilidad y horarios de encendido o apagado para mayor comodidad del paciente. El confort térmico y el confort acústico también son intangibles que tienen que ver con la humanización, porque la humanización no es más que hacer que la habitación sea lo más agradable posible para el usuario. Estamos acostumbrados a que las habitaciones de los hospitales tengan temperatura continua y luz continua, ajustadas a un patrón, pero este patrón tiene que abrirse a la gran diversidad de patrones que existe dentro de un hospital.

Y debemos pensar en la integración de las tecnologías, en cómo se integra y adapta la tecnología a las habitaciones. En general, preferimos que los lugares en los que nos dan servicio se parezcan más a un hotel que a una UCI, ya que visualmente nos ayuda a tener la percepción de estar más sanos, más cerca de nuestra casa que del quirófano. Por eso, una habitación con todas las tecnologías necesarias, pero sin que éstas sean visibles -o con las tecnologías integradas en el mismo servicio- ayuda también a la comodidad del paciente, como hicimos en los nuevos boxes de las urgencias de la 3ª planta del Hospital Clínic de Barcelona.

 

Fotografías del bosque de la Fageda den Jordà decoran los techos de los nuevos box de urgencias en la 3ª planta del Hospital Clínic. Justo encima de las camillas de los pacientes, están pensadas para proporcionar más serenidad en la espera.

 

El panel de los ánimos

Otro ejemplo desarrollado por el Departamento de I+D+i de PMMT servirá para ilustrar mejor esta concepción de la habitación como espacio propio del paciente. Recientemente hemos implementado en las habitaciones de Clínica Corachan, que estamos interviniendo por fases siguiendo su Plan Director 2016-2025, el Panel de los ánimos, una pequeña innovación que quiere aportar al paciente un ambiente de familiaridad, y que se inspira en los yesos que se usan en traumatología para proteger las fracturas en piernas y brazos en su proceso de vendaje y recuperación.

El “panel de los ánimos” permite a las visitas dejar fotos, mensajes, etc… que el paciente se llevará fotografiado cuando reciba el alta médica.

 

Cuando, de niño, llegabas al colegio con el brazo cubierto por uno de estos yesos, en el momento en que tus amigos empezaban a escribir y dibujar en él, éste dejaba de ser un elemento médico -la representación de un tratamiento traumatológico- para pasar a ser un elemento propio, identificable, diferente a los demás yesos y con un valor personal. El panel de los ánimos pretende trasladar esta personalización a la habitación del hospital.

Hemos colocado en la habitación un mural en el que cualquier persona puede enganchar un dibujo, dejar una foto, o pintar con rotulador un mensaje para el paciente: en el momento en que pasa esto, la habitación deja de ser del centro para pasar a ser la del paciente; ya no veo un cabezal quirúrgico, sino el dibujo que ha dejado mi hija, el mensaje de ánimo de mis amigos, la foto de mi mujer. La habitación del hospital es ahora mi habitación, customizada en función de mis gustos y por mis seres queridos. Hay más de mi que del hospital.

Y como pasa con el yeso, que quien lo ha llevado a menudo quiere conservarlo debido al nuevo valor que ha adquirido, el paciente puede tomar una foto de la habitación para conservar un recuerdo de la parte más emocional de la estancia en el centro, y de todo aquello que le ha acompañado.

El Panel de los ánimos es solamente un ejemplo anecdótico pero que tiene la virtud de reflejar nuestra voluntad de poner el paciente como centro de la experiencia y de la arquitectura hospitalaria. Es necesario pensar en la habitación del hospital como la habitación del paciente, con unas prestaciones y necesidades ajustadas y ajustables a cada caso. Es necesario poner el confort del paciente en el centro del debate, y buscar mejorarlo desde todas las perspectivas que hacen que una habitación sea humana. Es necesario volver a hacer arquitectura.

 

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