Fecha: 10/09/2015
Idioma: Castellano
Procedencia: Marta San Román
Ubicación: España

Como bien saben los responsables de instalación y mantenimiento en el sector hospitalario y sanitario, en el que la estabilidad térmica de espacios climatizados y conservación en frío de fármacos, bancos de sangre, muestras, etc… juegan un papel clave para nuestra salud, el rendimiento y la eficiencia de los sistemas utilizados dependen sobremanera de las propiedades del gas refrigerante que se utilice. En este sentido, los gases fluorados constituyen actualmente la solución más extendida y efectiva, son eficientes, cada vez más sostenibles desde un punto de vista medioambiental, e imprescindibles en el día a día de la climatización de espacios y de la preparación, conservación, transporte, dispensación y venta de productos y servicios relacionados con la actividad hospitalaria y sanitaria.

Sin embargo, la presión de la penalización injustificada e injustificable de un nuevo impuesto especial (IGF, Ley/16/2013) primero y único ahora en España, junto con la del Reglamento FGas de la Unión Europea (UE), causarán serias tensiones económicas y financieras en el sector de fabricación, instalación y mantenimiento de sistemas refrigeración y climatización, ya dañado por la crisis, en los que participan miles de pequeñas y medianas empresas que no pueden acometer ni nuevos gravámenes ni altos costes de transición de equipos o instalaciones aún no amortizados. Este perjuicio económico también repercutirá en los usuarios finales que demandan el soporte de actuaciones de frío y aire acondicionado, como centros de salud, centros administrativos, edificios públicos, hospitales, aeropuertos, laboratorios, transporte público, etc…

No existe un refrigerante perfecto, o una clase de refrigerantes de rendimiento universal. Debe buscarse una solución (tecnología, refrigerante, sistemas, etc.), específica para cada necesidad que combine características de seguridad, viabilidad económica y sostenibilidad. La necesidad de mejorar el TEWI (Impacto Total sobre el Calentamiento Medioambiental) pasa no sólo por reducir el PCA (Potencial de Calentamiento Atmosférico) de los fluidos refrigerantes, sino también, y quizás de forma más concienzuda, el consumo energético. Por ello es imprescindible informarse de forma apropiada antes de tomar una decisión.

LA ATMÓSFERA Y LA TIERRA: ESO DEL CALENTAMIENTO GLOBAL…

El calentamiento global parece remontar sus orígenes a la época de la Revolución Industrial de mediados del siglo XVIII, cuando el equilibrio sostenible de ecosistemas naturales se ve truncado por la necesidad ingente de producir energía para procesos fabriles y transporte.

Los gases de efecto invernadero han sido responsables de un gran incremento de concentración de CO2 de aquella época a la actualidad. Entre ellos, el CO2, que perdura en la atmósfera durante varios siglos, es el que contribuye en mayor cuantía, seguido del metano (CH4) y del N2O; en la actualidad estos tres gases suponen cerca del 90% de la aportación al forzamiento radiativo global, que ocasiona el calentamiento global. El resto se debe a los CFCs, HCFCs, SF6 y algunos otros, mientras que los HFCs originan menos del 0.8%.


Es imprescindible una acción global con compromisos vinculantes, no meros ejercicios de publicidad y fotografías de bonitas intenciones, pero sin planes sólidos sostenidos por obligaciones irrevocables. Debemos apostar categóricamente por:

• Un fuerte énfasis sobre eficiencia energética

– Utilizar TEWI para la evaluación de alternativas

• Medidas para reducir emisiones de HFC

– Prevención de fugas

– Competencias técnicas y formación

– Reducción gradual y reciclaje

– Control y vigilancia de mercado

• Un enfoque flexible

– Distinción entre países A2 (más desarrollados) y A5 (menos desarrollados)

• Establecer registros de datos rigurosos y probados

• Certeza regulatoria sobre ODS

– No retrasar el desfase de las sustancias que agotan la capa de ozono

EUROPA: NO SÓLO DE LA FGAS VIVE EL HOMBRE…

Nuestro estándar de vida actual exige una cantidad ingente de energía. Y desafortunadamente, Europa no es autosuficiente en producción de la misma.

Sufrimos dos complicaciones: primero, las importaciones de gas natural de la Unión Europea (UE) son significativamente mayores que las de China, Estados Unidos o India; y segundo, tenemos un coste de energía también bastante más elevado, con proyección a largo plazo creciente. Esto nos convierte en una sociedad empresarial mucho menos competitiva en el contexto internacional.

Además de esta contingencia, nos hemos comprometido a cumplir con los objetivos “veinte”: 20-20-20 en 2020. Es decir:

1. Reducir emisiones de CO2 en un 20% 2. Aumentar uso de renovables en un 20% 3. Reducir consumo de energía en un 20%,

en el año 2020. En los dos primeros puntos la UE, utilizando el argot académico, “progresa adecuadamente”. Sin embargo el tercer propósito está aún muy lejos de nuestro alcance.


Por ello, la UE ha situado el uso energético en su punto de mira, elaborando una agenda energética tremendamente exigente de la que podemos esperar nuevos retos. Existen diversas legislaciones sobre consumo energético, relacionados, por ejemplo, con el rendimiento energético de edificios, el suministro y uso final de la energía (Directiva de Eficiencia Energética) y, sobre productos energívoros, el Eco-diseño o la Etiqueta Energética.

La Directiva de Ecodiseño persigue la reducción de emisiones de CO2 mediante el uso de productos y equipos eficientes, teniendo en cuenta todo el ciclo de vida, desde el diseño y el I+D hasta su reciclaje para distintos tipos de productos. Esta regulación plantea diferentes requerimientos de mínima energía y tiempos por lote de producto y va a impactar de forma importante en la manera de fabricar y poner productos en el mercado, especialmente en equipos de aire acondicionado, y en bombas de calor y enfriadoras que climatizan edificios del sector hospitalario y sanitario, o en equipos de hostelería, catering, lavandería, etc… que son clave en dicho sector.

Otro contribuyente a nuestra “calidad de vida” es el conjunto de los gases fluorados, utilizados entre otras cosas como refrigerantes. Son eficientes, seguros e imprescindibles en nuestra actividad diaria de preparación, conservación, transporte y venta de alimentos, industrias químicas y farmacéuticas, aire acondicionado de hospitales, residencias, edificios públicos, autobuses, aviones, bares, colegios, coches particulares… Algunos tienen un PCA (Potencial de Calentamiento Atmosférico alto, y es por ello por lo que un reglamento europeo (F-gas) propone medidas muy estrictas para .limitar su efecto.

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