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Fecha: 2018

Idioma: Castellano

Autores: Albert de Pineda, arquitecto fundador de PINEARQ

Procedencia: PINEARQ

Web: ver aquí

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El proyecto del parque hospitalario Martí i Julià de Salt es un ejemplo donde el paisajismo y la arquitectura hospitalaria se relacionan y conviven, siendo este el origen del concepto del proyecto.

El parque tiene sus orígenes en el solar del Hospital Psiquiátrico de Salt y en el traslado del antiguo Hospital de Santa Caterina de Girona, hospital construido en 1666 y declarado bien cultural y de interés nacional de la Generalitat de Catalunya, hoy rehabilitado.

El elemento característico de este solar en las afueras de la población de Salt era su vegetación de grandes dimensiones y una serie de pabellones de diferente valor arquitectónico –unos podían ser rehabilitados y otros derribados–. En seguida surgió participar en el concurso de arquitectura (1998). La primera idea fue hacer un hospital en un parque urbano y la oportunidad de desarrollar el hospital adaptándose y condicionándose a él.

Debía convertirse en un espacio de convivencia entre profesionales, ciudadanía y pacientes. Un espacio que, para nosotros, recalcara nuestro compromiso por convertir el proceso de curación en una actividad social y cultural con las nuevas tendencias del hospital abierto.

 

LAS BASES

En el complejo se unen los servicios de un hospital general, los servicios de psiquiatría con un edificio para trastornos mentales y un edificio sociosanitario, así como algunos pabellones para servicios asistenciales de la población. Así, el primer edificio en desarrollarse fue el edificio para trastornos mentales severos (TMS), finalizado en el año 2003. Luego se construyó el hospital de Santa Caterina, que se acabó en el 2005; el último edificio fue el centro sociosanitario, terminado en el año 2009.

 

Las características principales del emplazamiento eran la presencia de masas verdes, y unos pabellones construidos en 1920. Nuestra idea para el diseño urbano y arquitectónico fue plantear un complejo en el que la vegetación nunca perdiera su protagonismo; es decir, se planteó fundamentalmente que los edificios fueran más bajos que los grandes árboles que ya existían en la manzana. Lo más importante del proyecto fue partir del mantenimiento del paisaje existente y de cómo, a través de ese mismo entorno verde y de la composición de patios al interior de las nuevas edificaciones, se generó una nueva traza que permitió organizar todas las actividades y ajustarse a los edificios existentes. En todos los casos buscamos que no fuera un edificio en el que la forma se impusiera en el paisaje sino que fuera el paisaje el que impusiera la forma. No se trata de edificios monumentales: la huella es menos agresiva al conjunto y el entorno verde es dominante.

 

 

EL RECINTO

El parque hospitalario es abierto, cualquiera puede entrar al recinto. Se trata de una experiencia interesante porque, por ejemplo, los enfermos psiquiátricos salen del complejo y comparten socialmente con la población del lugar. Cuando íbamos a las visitas de obra, había algunos pacientes psiquiátricos que tenían relación con nosotros. No se trata de una psiquiatría enclaustrada sino muy abierta, que fue la idea que se persiguió en el diseño del TMS (el edificio de trastornos mentales severos), que fue el primer edificio construido para poder vaciar los pabellones y construir la nueva edificación. Estamos convencidos de que la composición del paisajismo de este proyecto permite fácilmente estas actividades, y evita el concepto del psiquiátrico hermético con grandes muros. Esta misma experiencia la tuvimos en el desarrollo del hospital psiquiátrico de Berlín: la naturaleza ayuda a que estos edificios tan impresionantes, tanto por la superficie como por la dureza de su programa, se adapten mejor al lugar y a los servicios que prestan.

 

Con el proyecto urbanístico buscamos organizar lo que ya existía. Intentamos que las vías tuvieran carácter de parque y no de autopista. Para ir de un punto a otro quisimos mantener la geometría circulatoria de un parque. Todas las trazas buscaron adaptarse a la topografía y se decidió por no hacer recorridos rectos sino más suaves para acceder a los edificios. Al mismo tiempo, en el acceso este, y a los pies del hospital, se creó un jardín de especies medicinales con una empresa de la zona que empleaba a personas con alguna discapacidad. Se plantó salvia, cardamomo, romero y tomillo, entre otras plantas.

 

En el caso del edificio del hospital de Santa Caterina, se provocó un desmenuzamiento de la composición arquitectónica: por eso, se proyecta una edificación permeable, sin una radicalidad formal. La gran fachada de más de 200 metros se rompe con una serie de patios de manera que parece componerse de edificios de solo 20 metros. Además, sobresalen unos cuerpos edificados de la línea del horizonte. Así, con estas estrategias, se rompe la radicalidad de un programa tan restrictivo como el de un hospital y se intenta disminuir la rotundidad formal que tiene el edificio.

 

 

La secuencia de patios permite que el edificio tenga constantemente luz natural y permite que, con los árboles de cierta envergadura que ya han crecido, el conjunto no haya perdido el carácter de gran parque. No se siente un hospital, sino que se está en un gran jardín, en un parque vegetal de la ciudad.

 

Desde la ciudad, el parque hospitalario se identifica pero no representa una imagen de edificios duros por su propia dimensión, por los materiales de fachada y por la exuberancia de la vegetación. En definitiva, los conceptos de permeabilidad desde la trama urbana, coexistencia de funciones y respeto por lo existente fueron las bases en el desarrollo de este gran proyecto hospitalario.

 

También en el diseño del paisajismo de las áreas de entrada y para independizar visualmente el área de urgencias y la entrada, se emplean estrategias formales como utilizar plantas medicinales y aromáticas, en referencia a la colección del antiguo hospital de Santa Caterina de 350 botes farmacéuticos del siglo XVIII, uno de los muestrarios más importantes del país. Asimismo, en el diseño de las calles interiores buscamos que fueran caminos en un parque tanto en su geometría como en sus características físicas. Encontramos la referencia en los caminos tan interesantes de los grandes parques urbanos, como el Hyde Park de Londres con su composición naturalista.

 

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