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Fecha: Febrero 2020
Idioma: Castellano
Procedencia: Parra-Müller Arquitectura de Maternidades
Web: ver aquí
Autora: Angela E. Müller, Arquitecta y fundadora de Parra-Müller Arquitectura de Maternidades

Este artículo se publicó por primera vez en el Anuario de la AEIH 2019.

El diagnóstico es fácil, el tratamiento puede tardar años, con mucha posibilidad de recaídas que requieren formación y trabajo en equipo. El ruido visual es uno de los males que nos afecta de manera inconsciente durante largas horas de trabajo y estancias de ingreso a pacientes y trabajadores en los hospitales. Arquitectos e ingenieros tenemos las claves para concienciar y trabajar en la prevención del ruido visual, desde el proyecto y desde el mantenimiento del edificio.

Introducción
Cada vez más el tratamiento de los espacios en el diseño arquitectónico de edificios sanitarios incide en conseguir un entorno amigable para los usuarios, pacientes y trabajadores, dentro de lo que se conoce como EBD (Diseño Basado en la Evidencia). Este concepto de diseño muy extendido en sanidad, en los proyectos de arquitectos, ingenieros y profesionales en general, está demostrado que consigue una mayor eficacia de los procesos asistenciales y también una reducción de los costes. En este contexto el ruido visual es un factor de desorientación y estrés que conviene tener en cuenta.

¿Qué es el ruido visual?
Contaminación visual es todo aquello que afecta o perturba la visualización de un lugar y la correcta comprensión del mismo, o, por describirlo de otra manera, una saturación de estímulos en un entorno concreto, con la consecuente falta de claridad. También forma parte del ruido visual la contaminación lumínica o sobre-iluminación de un espacio. La sociedad actual está marcada por un exceso y abuso de imágenes, una sobre-exposición a la que estamos sometidos continuamente, y hasta hemos normalizado su impacto y efectos sobre nuestra capacidad de concentración y orientación.

Imagen 1: Periferia de una gran ciudad

Un ejemplo para esta sobrecarga sensorial podría ser la zona periférica de una gran urbe, llena de grandes carteles de publicidad que tapan los carteles propios de señalización de tráfico y edificaciones de todo tipo de alturas y estéticas, sin aparente orden. Una distracción para los conductores, cuando este ruido visual se concentra en una carretera de entrada a la ciudad, o para peatones que buscan su camino por un barrio que desconocen. El ruido visual en un barrio puede tener efectos degradantes profundos en toda una comunidad de personas. Especialmente se estudió la pérdida de la capacidad de buscar entornos bellos y estimulantes por parte de niños que se habían criado en barrios con mucha contaminación visual (imagen 1). (Milan Kumar Jana, 2015).

Un ejemplo contrario podría ser un aeropuerto bien diseñado, donde la buena orientación debe ser una de sus principales características, con un control del ruido visual desde el mismo proyecto y concepto de equipamiento del edificio.

Ahora bien, si nos desplazamos por un momento a uno de los aeropuertos que han implantado el concepto del paseo obligatorio por la zona comercial para llegar a las puertas de embarque, tendremos otro ejemplo claro de un entorno con mucho ruido visual, con la intención de abrumar al posible consumidor y fomentar así las ventas. Observamos cartelería de mil tipos de marcas y ofertas, una sobre-iluminación destacable, un recorrido a modo de encaminamiento lo más largo y confuso posible, para tener que pararse e incluso perder la orientación si uno de desvía por un momento.  

Ruido visual en el hospital
Los hospitales son lugares ideales para ser colonizados por el fenómeno del ruido visual. Especialmente la sobredosis de cartelería, muchas veces en forma iniciativas caseras e individuales sin criterio, que se manifiestan en papeles manuscritos y pegados en cualquier lugar, provocan un desorden visual, que, junto con la falta de contraste en los materiales de revestimiento, puede hacernos perder la orientación fácilmente. A menudo la cartelería llega a tapar la señalización necesaria para llegar a nuestro destino dentro del edificio. También observamos carteles de obras que no se retiran, soluciones temporales que pasan a mantenerse en el tiempo y conllevan a ruido visual. Muchas veces una persona se pierde por un hospital por el omnipresente ruido visual, sin ni siquiera ser consciente de ello (Imagen 2).

El ruido visual también se manifiesta en otros fenómenos que nos irritan, como la iluminación de un pasillo que provoca reflejos en el suelo, o la falta de un orden en los elementos constructivos, o la propia limpieza o mantenimiento del edificio. En una visita a casi cualquier hospital se pueden observar estos ejemplos, junto a problemas con la codificación de colores en la señalética y materiales de acabados, altura no adecuada de cartelería, acabados sin contraste, etc. Pero no hace falta entrar al hospital, solo la llegada en el entorno más cercano a menudo nos deja la sensación de estar participando en una carrera de orientación por un “bosque de carteles”, y nos cuesta encontrar el camino al acceso que buscamos.   

En el trabajo “Building Research Survey” (Hunt, Wayne, 1994) se comprobó que un hospital general de unas 800 camas que carece de un sistema de señalética adecuado, se pierde aproximadamente unas 8.000 horas anuales del personal médico y otros trabajadores en la tarea de indicar caminos y ayudar a los pacientes y visitantes a llegar a su destino.

Imagen 2: Ejemplo de ruido visual en el hospital. (Hospital público en Madrid 2018)

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