El descanso nocturno comienza mucho antes de apagar la luz: una propuesta para evaluar el impacto socioemocional del entorno hospitalario
¿Estamos evaluando únicamente el dormitorio durante la noche, cuando el problema puede comenzar muchas horas antes?
Cada año, miles de personas permanecen hospitalizadas durante días o incluso semanas. Durante ese tiempo, el hospital se convierte en su entorno cotidiano, un espacio donde dormir deja de ser un simple acto fisiológico para convertirse en un factor determinante de la recuperación.
Esta reflexión dio origen a la investigación desarrollada en el Trabajo Fin de Máster del Máster en Neuroarquitectura de la Universidad de Alicante.
Estudios recientes han demostrado que factores como la luz, el sonido, la temperatura, el control ambiental, así como los estímulos cognitivos y emocionales, afectan la calidad del sueño y, por ende, los procesos de reparación celular, la modulación inmunológica y la estabilidad psicológica del paciente (Delaney et al., 2018; Kamdar et al., 2017; Patel, J., (2014).
Cuando se habla del descanso de un paciente hospitalizado, la atención suele centrarse en lo que ocurre durante la noche: reducir el ruido, controlar la iluminación, mejorar el colchón, etc. Sin duda todas estas son medidas necesarias. Sin embargo, cada vez existe mayor evidencia científica de que la calidad del sueño no depende únicamente de las condiciones nocturnas, sino también de las experiencias acumuladas durante el día.
Un paciente que ha permanecido expuesto durante horas a conversaciones ajenas, falta de privacidad, iluminación incómoda, visitas constantes, pérdida de control sobre su entorno o sensación de vulnerabilidad no comienza la noche desde un estado emocional neutro. En muchos casos llega al momento de dormir con una carga de ansiedad, hipervigilancia y fatiga emocional que condiciona la conciliación y la calidad del sueño.
El punto ciego de las evaluaciones hospitalarias
La mayoría de las evaluaciones del entorno hospitalario utilizan indicadores físicos: niveles de ruido, iluminación, temperatura, ventilación o calidad del aire. Estas mediciones resultan imprescindibles porque permiten cuantificar su impacto en las personas.
Por otro lado, existen instrumentos clínicos ampliamente validados para evaluar la calidad del sueño, la ansiedad o la depresión hospitalaria, como el Pittsburgh Sleep Quality Index (PSQI) o la Hospital Anxiety and Depression Scale (HADS).
Sin embargo, entre ambos enfoques existe un espacio poco explorado: cómo integrar las condiciones ambientales, las respuestas fisiológicas y la experiencia subjetiva del paciente dentro de un mismo proceso de evaluación, de esto trata el TFM.
Resulta fundamental conocer cómo interpreta el paciente aquello que vive durante el día, por ejemplo, en qué momento perdió su intimidad, cuando comienza a preocuparse por la noche que le espera o cuales son los factores ambientales y físicos que deterioran su bienestar emocional.
Esta investigación propone ampliar la mirada y la forma de evaluación conjunta entre la relación del espacio físico, las emociones y el sueño.
Una propuesta desde la neuroarquitectura
Como respuesta a esta necesidad se desarrolló un Sistema Mixto de Evaluación Socioemocional para Dormitorios Hospitalarios Compartidos, concebido como una metodología integral para cuantificar el impacto del entorno construido sobre el bienestar del paciente.
La propuesta busca cubrir un vacío existente en la evaluación hospitalaria: integrar la experiencia subjetiva del paciente con indicadores neurofisiológicos y psicológicos dentro de un mismo sistema de análisis.
El sistema integra cuestionarios psicológicos estandarizados y ampliamente utilizados en investigación clínica, la propuesta de registros neurofisiológicos y signos vitales a recoger, así como mapas cualitativos que permiten representar gráficamente la percepción del paciente sobre el entorno y su experiencia socioemocional. De forma complementaria, la metodología plantea la posibilidad de incorporar tecnologías de visión por computador para registrar variables conductuales de manera objetiva, ampliando así las posibilidades de análisis en futuras investigaciones. Y en la parte conceptual estipula la necesidad de establecer el protocolo, el procesamiento de datos, y una red de apoyo con Universidades con carrera en psicología para la aplicación a los pacientes de los mapas cualitativos, para complementar la gestión hospitalaria del sistema.
En este contexto, los mapas cualitativos diseñados no constituyen una herramienta aislada ni sustituyen las mediciones tradicionales. Su función es aportar información que difícilmente puede captarse mediante indicadores fisiológicos o cuestionarios estandarizados, permitiendo visualizar cómo el paciente experimenta aspectos como la privacidad, la dignidad, la percepción ambiental o la anticipación del descanso nocturno.
Los tres mapas propuestos exploran dimensiones complementarias: las condiciones ambientales percibidas durante el día, la experiencia emocional y de dignidad asociada al entorno hospitalario, y el impacto que dichas experiencias pueden tener sobre el descanso nocturno. La integración de esta información con los datos psicológicos, fisiológicos y conductuales ofrece una visión más amplia del efecto que el entorno construido ejerce sobre la persona.
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