Maternidades para un nuevo paradigma de atención. Criterios arquitectónicos para un parto seguro, respetado e inclusivo

Rocio Marisol Torres, Residencia de Arquitectura Hospitalaria del Instituto de Cardiología de Corrientes | OCTUBRE 2026
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El presente artículo parte de la necesidad de repensar los espacios destinados a la maternidad frente a los cambios actuales en las formas de atención y cuidado. A partir de conceptos como la humanización, la inclusión, la flexibilidad y la diversidad, se busca establecer criterios de diseño que permitan trasladar estos principios al espacio arquitectónico y contribuir a la planificación de maternidades más respetuosas, adaptables y centradas en las personas, especialmente en el contexto latinoamericano.

 

Un servicio de maternidad constituye un componente esencial dentro del sistema de salud, dado que se encarga de brindar atención integral durante el embarazo, el parto y el posparto. Estos servicios, alojados en hospitales y clínicas especializadas, se complementan con instancias de acompañamiento educativo, social y psicológico destinadas a las nuevas familias. En términos generales, el parto debe ser comprendido como un proceso fisiológico propio del ciclo reproductivo, cuya atención requiere prácticas diferenciadas de aquellas dirigidas a personas con patologías. No obstante, se reconocen posibles complicaciones previstas o imprevistas que pueden demandar desde una asistencia en Salas de Atención Integral del Parto (SAIP) hasta una intervención en pabellones quirúrgicos para la realización de cesáreas u otros procedimientos obstétricos o incluso neonatales.

 

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Imagen 01. Procesos dentro de un servicio de maternidad. Elaboración propia.

 

Los servicios de maternidad cumplen un rol fundamental al aportar seguridad, contención y confianza en un proceso sensible y complejo. Para ello, deben garantizar el acceso oportuno a la atención de urgencia, la presencia de personal médico calificado y el uso de equipamiento especializado que permita monitorear el estado de la persona gestante y del recién nacido. Estos elementos son indispensables para una atención segura, eficiente y centrada en las necesidades de quienes transitan el proceso reproductivo.

Históricamente, la atención del parto ha atravesado transformaciones profundas. Desde los ámbitos domésticos asistidos por comadronas o parteras en sociedades prehistóricas hasta la incorporación progresiva de prácticas médicas y tecnológicas en los siglos XVII al XX —como la anestesia, la antisepsia, la instrumentación obstétrica y los métodos diagnósticos modernos— la obstetricia se consolidó como disciplina científica y se integró a la neonatología contemporánea. En la actualidad, los avances científico-tecnológicos y las nuevas técnicas reproductivas, como la preservación de óvulos y la reproducción asistida, han ampliado el acceso a la maternidad y han permitido un seguimiento pre- y posnatal más riguroso y personalizado.

En este escenario, la arquitectura hospitalaria adquiere un papel determinante. El diseño de espacios inclusivos, accesibles y humanizados permite traducir los avances normativos y clínicos en experiencias de atención equitativas, seguras y respetuosas. La normativa argentina —particularmente la Ley 25.929 de Parto Respetado, la Ley 26.862 de reproducción médicamente asistida, la Ley 27.611 de los 1000 días y diversos programas provinciales, entre ellos el Programa de Promoción de la Lactancia— establece un marco regulatorio que promueve la autonomía de las personas gestantes, el acompañamiento continuo, el contacto piel a piel, la lactancia segura, y la participación activa de las familias.

 

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Imagen 02. Programa de Promoción de la lactancia de la provincia de Buenos Aires. Elaboración propia.

 

En consonancia, organismos como la OMS y el Instituto Técnico para la Acreditación de Establecimientos de Salud (ITAES) plantean principios y estándares vinculados a la humanización del parto, el enfoque multidisciplinario y la adecuación cultural, que se traducen en requerimientos específicos para la planta física de las maternidades. Entre ellos se destacan las unidades de parto integral o SAIP, la internación conjunta madre-hijo, y el diseño de ámbitos que disminuyan traslados innecesarios, faciliten el confort, respeten la privacidad y aseguren intervenciones basadas en evidencia.

A lo largo del tiempo, la arquitectura de las maternidades ha reflejado las concepciones sociales, culturales y sanitarias vigentes. Sin embargo, surge un nuevo paradigma —enmarcado en una perspectiva inclusiva, interseccional y centrada en derechos— que redefine por completo el modo de concebir estos espacios. Los lineamientos contemporáneos proponen ambientes flexibles, personalizados, accesibles, sensorialmente cuidados y culturalmente pertinentes, donde el entorno físico se convierte en un factor activo en la calidad, seguridad y humanización de la atención.

Este no es un hecho aislado dado que surge de un proceso histórico, social y sanitario que va desde la medicalización extrema del siglo XX hasta las actuales políticas centradas en los derechos, la autonomía y la experiencia emocional de las personas gestantes.

El nuevo paradigma espacial de la maternidad desplaza el protagonismo desde el equipo profesional hacia la persona gestante y su familia, revalorizando el ambiente como un agente terapéutico capaz de influir en la fisiología, el confort y la seguridad.

A continuación, se detallan una serie de componentes que han sido presentados por la Dra. Arq. Cristiane N. Silva en el marco del 35º Congreso Latinoamericano de Arquitectura e Ingeniería Hospitalaria, y que resultan esenciales para mejorar la experiencia del parto y promover un cuidado más respetuoso:

 

1. Elementos estructurales de la transición hacia un nuevo modelo

Habitaciones TPR (Trabajo de parto, Parto y Recuperación): Las habitaciones TPR reúnen en un mismo espacio el preparto, el parto y el puerperio inmediato, permitiendo que la persona gestante permanezca en la misma habitación durante todo el proceso. Esta modalidad reduce los traslados entre sectores y facilita la permanencia del acompañante y la continuidad de la atención.

En términos arquitectónicos, requieren espacios amplios y flexibles, capaces de responder tanto a los momentos de intimidad y descanso como a las necesidades asistenciales del parto. Debe contar con una vinculación directa con quirófano obstétrico y neonatología. La distribución debe permitir el trabajo simultáneo del equipo de salud sin interferir con la presencia del acompañante, incorporar un baño privado con ducha que posibilite métodos no farmacológicos de alivio del dolor y prever un sector para el descanso del acompañante. A su vez, los gases medicinales, tomas y demás instalaciones pueden integrarse en paneles técnicos discretos u ocultarse cuando no están en uso, contribuyendo a generar un ambiente más cálido.

Áreas comunes para familias: Las áreas comunes para familias son espacios destinados a acompañantes y redes de apoyo, pensados para brindar condiciones adecuadas de espera, descanso y encuentro durante la internación, especialmente cuando se trata de períodos prolongados.

Desde el punto de vista arquitectónico, deben ubicarse en sectores accesibles y próximos a las áreas asistenciales, sin interferir con su funcionamiento. Pueden incorporar espacios de estar y descanso, sanitarios y sectores que brinden cierta privacidad, favoreciendo el bienestar de las familias y una adecuada organización de los flujos dentro del servicio.

Cuando estos espacios no están previstos, los acompañantes tienden a ocupar pasillos y circulaciones que no fueron diseñados para la espera. Esto puede generar congestión, interferir con los recorridos asistenciales y disminuir la privacidad de pacientes y familias, además de obligar a permanecer durante períodos prolongados en lugares sin condiciones adecuadas para ese fin.

Baños accesibles y equipados: Los baños vinculados a las áreas de preparto y parto cumplen un papel importante durante el trabajo de parto, ya que permiten realizar actividades de higiene y utilizar el agua como recurso de apoyo para métodos no farmacológicos de alivio del dolor.

Estos espacios deben garantizar condiciones de accesibilidad, seguridad y asistencia. Para ello, es necesario prever dimensiones que permitan una circulación cómoda, barras de apoyo y superficies antideslizantes. Cuando el modelo de atención lo contempla, pueden incorporar duchas o bañeras de inmersión, procurando que su disposición permita el acompañamiento y la asistencia del personal de salud cuando sea necesario.

Iluminación regulable: La iluminación regulable permite adaptar las condiciones del ambiente a los distintos momentos del trabajo de parto, combinando las necesidades de confort de la persona gestante con los requerimientos del equipo de salud durante la atención.

Desde el punto de vista arquitectónico, se pueden prever distintos tipos y niveles de iluminación dentro de la habitación: una iluminación general de carácter más cálido y regulable para los momentos de descanso y acompañamiento, y una iluminación técnica que proporcione mayor intensidad cuando se realizan procedimientos asistenciales. De esta manera, un mismo espacio puede responder a diferentes situaciones sin mantener de forma permanente una iluminación propia de un ámbito clínico.

Luz natural e integración con la naturaleza: La incorporación de luz natural y el contacto con la naturaleza forman parte de las estrategias de humanización de los espacios sanitarios. La iluminación natural favorece el bienestar físico y emocional y contribuye a mantener el ritmo circadiano, es decir, el ciclo biológico de aproximadamente 24 horas que organiza los períodos de sueño y vigilia en relación con los cambios de luz y oscuridad a lo largo del día. Esto cobra especial importancia en los espacios de permanencia prolongada, donde el contacto con la luz exterior permite conservar una referencia del paso del tiempo y diferenciar el día de la noche. A su vez, la relación visual con el exterior y las áreas verdes contribuye a generar ambientes más agradables y menos institucionales para pacientes, familiares y acompañantes.

Desde el punto de vista arquitectónico, esta relación puede lograrse mediante aberturas y visuales hacia el exterior, patios, jardines interiores o terapéuticos y la incorporación de vegetación. Estos recursos se relacionan con el concepto de biofilia, que busca reforzar el vínculo de las personas con elementos naturales y contribuir a generar entornos más amigables y relajantes.

De esta manera, la integración de la naturaleza no se plantea únicamente como una decisión estética, sino como parte de un diseño humanizado que contempla también las necesidades físicas, emocionales y psicológicas de quienes permanecen en el espacio sanitario.

Espacios para apoyo espiritual o cultural: Los espacios destinados al apoyo espiritual o cultural buscan contemplar la diversidad de creencias, valores y costumbres que pueden estar presentes durante la atención sanitaria. En el contexto de la maternidad, brindan un ámbito de recogimiento y acompañamiento donde puedan desarrollarse prácticas significativas para cada persona durante su permanencia en la institución.

Desde el punto de vista arquitectónico, pueden plantearse como ambientes tranquilos, flexibles y de carácter no confesional, es decir, sin estar asociados exclusivamente a una religión determinada, de manera que puedan ser utilizados por personas con diferentes creencias, prácticas espirituales o culturales. Su diseño debe ser neutro y adaptable, favorecer la privacidad y generar una atmósfera de calma y bienestar.

Es conveniente que estos espacios sean fácilmente accesibles desde las áreas de permanencia y acompañamiento, pero que se encuentren resguardados de las circulaciones de mayor tránsito y de los sectores con intensa actividad asistencial.

 

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Imagen 03. Habitaciones TPR (Trabajo de Parto, parto y recuperación). Hospital Materno Infantil Quirón Salud, Sevilla.

 

Su incorporación responde a una mirada integral de la humanización, en la que el entorno sanitario no atiende únicamente las necesidades físicas, sino también las dimensiones emocionales, sociales y culturales de quienes lo habitan.

 

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Imagen 04. Áreas comunes para familias. Hospital Materno Infantil Quirón Salud, Sevilla.

 

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Imagen 05. Hospital Universitario Punta

 

2. Flexibilidad y personalización del entorno

El diseño flexible permite que el espacio acompañe los ritmos biológicos, emocionales y culturales sin imponer una única forma de vivenciar el nacimiento, por lo cual se debe contemplar:

 

Adaptación a diferentes necesidades y niveles de atención: La adaptación a la diversidad implica reconocer que las personas gestantes pueden presentar diferentes condiciones físicas y necesidades de atención, por lo que el espacio no debería responder a una única situación. Esto supone garantizar condiciones de accesibilidad mediante circulaciones adecuadas, baños accesibles y superficies suficientes para facilitar la asistencia a personas con movilidad reducida; pero también preservar la privacidad visual y acústica y posibilitar la presencia del acompañante. A estas diferencias se suma el nivel de complejidad asistencial requerido: mientras un embarazo de bajo riesgo puede requerir un entorno que favorezca el movimiento, el acompañamiento y el desarrollo fisiológico del parto, una situación de alto riesgo puede demandar mayor vigilancia, equipamiento y capacidad de intervención. A su vez, condiciones particulares vinculadas con la edad, la discapacidad, el contexto social o cultural pueden requerir respuestas específicas que también deben ser consideradas por el diseño.

Flexibilidad no significa que todas estas situaciones deban resolverse de la misma manera o concentrarse indiscriminadamente en un único ambiente. Si el espacio se configura permanentemente para responder al escenario de mayor complejidad, las personas de bajo riesgo pueden quedar expuestas a un entorno excesivamente medicalizado; mientras que, si se diseña únicamente desde la lógica del parto fisiológico, puede resultar insuficiente frente a una situación que requiera una intervención rápida. Por eso, la organización puede contemplar ambientes diferenciados según las necesidades asistenciales, pero funcionalmente vinculados. De esta manera, es posible compatibilizar la capacidad de respuesta asistencial con un entorno que preserve la intimidad, el confort y la sensación de seguridad.

 

Capacidad de respuesta ante cambios en la atención: El ambiente debe permitir que, ante un cambio en la condición de la persona gestante, el equipo de salud pueda incrementar rápidamente el nivel de atención sin que la habitación esté configurada de manera permanente como un espacio de alta complejidad. Esto implica prever desde el proyecto las instalaciones y recursos necesarios para una eventual intervención —como gases medicinales, alimentación eléctrica, equipamiento y superficies de trabajo— e integrarlos al diseño para que permanezcan disponibles sin dominar visualmente el espacio cuando no son utilizados. Así, una habitación destinada a un parto de bajo riesgo puede conservar un carácter menos hospitalario y, al mismo tiempo, responder ante una modificación de la situación asistencial.

Cuando la atención requerida supera la capacidad prevista para ese ambiente, la respuesta depende también de la organización funcional del servicio. La proximidad y conexión con sectores de mayor complejidad, junto con recorridos directos y libres de obstáculos, permiten trasladar a la paciente o acercar personal y equipamiento con mayor rapidez. Por lo tanto, la flexibilidad no se limita a lo que ocurre dentro de la habitación, sino que también involucra la relación entre los distintos sectores y la claridad de las circulaciones necesarias para responder ante una situación de mayor complejidad.

 

Personalización del ambiente: La personalización del ambiente permite que la persona gestante tenga cierto control sobre las condiciones del espacio que habita durante el trabajo de parto, en lugar de permanecer en un entorno completamente marcado por la institución. Poder modificar aspectos del ambiente según sus preferencias y necesidades contribuye a que la habitación pueda acompañar distintos momentos del proceso, desde el descanso y la intimidad hasta aquellos que requieren mayor participación del equipo asistencial.

Desde el punto de vista arquitectónico, esta capacidad puede resolverse mediante mobiliario flexible o móvil que permita liberar o reorganizar el espacio, junto con sistemas que posibiliten regular determinadas condiciones ambientales. Por ejemplo, la iluminación regulable permite disminuir la intensidad durante los momentos de descanso o aumentarla cuando la atención lo requiere, mientras que el control de la temperatura, dentro de los rangos establecidos para el área asistencial, permite adecuar el confort térmico.

 

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Imagen 06. Hospital Británico de Uruguay

 

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