Neurociencia y arquitectura: espacialidad, equilibrio y salud

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Por coherencia con esta plataforma sobre infraestructuras de salud, me voy a centrar en los espacios que incluyen actividades de tipo socio sanitarias para atención y cuidado de mayores: centros, residencias y otras tipologías donde pasan las horas del día, o su vida cotidiana personas adultas mayores. Cualquiera de las soluciones que se comentan aquí podrían considerarse también para el diseño hospitalario, siempre valorando que la especificidad de estos equipamientos no siempre facilita un diseño más abierto y menos condicionado por la funcionalidad y la seguridad sanitaria.

El futuro de la humanidad es indudablemente urbano, en 2050 el 68% de la población mundial total vivirá en medianas o grandes urbes. Envejecer en ciudades tiene, por un lado, grandes beneficios gracias a los servicios que están a disposición de la población mayor en materia de salud y servicios sociales, recreativos, deportivos, transporte, espacios verdes. Por otro, no siempre el acceso a estos servicios o su uso es fácil si la persona no es completamente autónoma. O los servicios no cuentan con los apoyos suficientes, unas veces humanos y muchas veces espaciales.

Dando por descontado que con el planteamiento que voy a exponer, enfocado al diseño de espacios donde se desenvuelvan personas con afecciones de tipo físico o cognitivo o enfermedades del envejecimiento, las personas que se van a beneficiar van a ser muchas, ya que ante la ausencia de recomendaciones específicas de diseño en los códigos técnicos, éstas, pueden servir para poner a pensar a los responsables de una normativa muy necesaria dado el crecimiento tan acelerado de la población mayor en los últimos decenios.

Desde luego, lo que si prometo es que el texto será, por lo menos, novedoso.

¿Qué variables marcan la diferencia entre el enfoque tradicional para el diseño de espacios para mayores y aquel que incorpora conceptos de movilidad y conducta espacial que nacen directamente de profundizar -investigar- en las funciones del sistema nervioso, especialmente cerebrales, y poner estas conclusiones al servicio del diseño de entornos y edificios? Aquí lo explico, esperando que abra sensibilidades por ahora conectadas con una espacialidad tradicional que no tiene en cuenta variables de funcionamiento humano que, por ser muy complejas, cuesta todavía verlas incorporadas en los textos de diseño y arquitectura. 

Tengo la suerte de poder trabajar con protagonistas del espacio, usuarios de edades muy variadas y avanzadas para los cuales actividades en entornos y arquitecturas inmediatas a zonas verdes, con ambientes que facilitan las interacciones personales, con formas y colores sin estridencias son equivalentes a “fármacos” que, cuanto más se abusa de ellos, más adicciones crean. Porque, incluso con escasas horas de inmersión en ambientes satisfactorios que ofrecen comodidad, tranquilidad y que fomentan las actividades físicas, experimentan gran bienestar y mantienen su calidad de vida física y mental en un punto de equilibrio y felicidad: “estar en el lugar adecuado en el momento adecuado”.

Estoy hablando de arquitectura y tratamiento espacial que se proyecta mucho más allá de las relaciones funcionales o del programa del edificio. Son soluciones espaciales vivenciales y terapéuticas, que las personas deben poder experimentar de manera inmersiva desde el centro de su identidad personal: pensamientos, sentimientos, emociones positivas que puedan orientar, dirigir sus acciones convirtiendo a las vivencias en experiencias positivas. Es una interacción organismo-entorno equilibrado, que tantas veces cura las lesiones o heridas de algunas enfermedades: porque convivir o simplemente estar en un entorno organizado, claro, comprensible, y amable de formas y colores es preventivo y tal vez, curativo de muchas enfermedades.

Este enfoque tiene su origen en el estudio de la neurología de la conducta espacial, preocupado por anclar la arquitectura, los espacios de vida en el funcionamiento del sistema nervioso: en determinados aspectos de la conducta y de los procesos cognitivos. Comprender mejor el comportamiento humano nos hace mejores profesionales con independencia de que el resultado tenga una estética admirable o sea simplemente una solución correcta y funcional.

Este enfoque, que inicialmente me pareció muy complejo: poder reunir neurociencia -neurología de la conducta espacial- con arquitectura, hoy me resulta, no diré fácil, pero si manejable. Sobre todo, disponiendo de una metodología propia de trabajo que se ha consolidado y se ha ido sistematizando a partir de “perfiles funcionales” a los cuales, con imaginación espacial, les diseñamos patrones o escenarios espaciales para mejorar el desenvolvimiento de las personas.

Estos patrones o escenarios espaciales, conceptos que ampliaré un poco más adelante, son perfectamente adaptables a cualquiera de las tipologías especializadas en mayores: viviendas con apoyo, cohousing, centros de día y residencias para personas con o sin demencias, incluso hospitales. Estos últimos, dada la complejidad de su diseño tan especializado, se programan po áreas, zonas sanitarias o funcionales, y los mayores no cuentan con entornos caracterizados por y para su condición emocional y de movilidad. Esto podría ser el origen de muchos de los desórdenes que experimentan cuando terminan estancias prolongadas de hospitalización.

En cambio, las zonas infantiles se diseñan poniendo mucha atención en la infancia hospitalizada: con formas y colores que llaman a los sentidos, para el juego y su tranquilidad.

 

El por qué y el cómo de las soluciones

Los perfiles funcionales se basan en componentes sensoriales, de la percepción, cognitivos, motores y emocionales. Su objetivo es establecer reglas de diseño para la orientación, el direccionamiento y la activación neuronal, a través del sistema de apoyos: que son relaciones de formas, funciones y dimensiones métricas en una secuencia sin fracturas, para que no se produzca el efecto laberinto, un concepto que genera desorientación, confusión y emociones negativas.

Son suficientemente representativos y abiertos. Son predictivos, pues señalan dónde se pueden producir “limitaciones o cortes en la continuidad de los impulsos nerviosos”, cuando hubiera lesiones, deterioro leve e, incluso, demencia; es decir, bloqueos que entorpecen el desempeño de las actividades de la vida diaria. Para ello, tienen en cuenta diferentes zonas implicadas en habilidades, acciones y reacciones motoras del SNH.

La originalidad de estos perfiles es que dirigen la mano del profesional para que imagine escenarios espaciales que en clave de organización, formas, colores y relaciones sensoriales y funcionales facilitan el desenvolvimiento de las personas. Las relaciones sensoriales en el espacio son importantes para que haya una interacción saludable con las experiencias visuales, auditivas y las acciones motoras. Hay que tener en cuenta que, en el envejecimiento, muchos problemas motores tienen relación con problemas de equilibrio durante los desplazamientos que deben resolverse con elementos de seguridad espacial además de implementar aquellos necesarios para una perfecta accesibilidad cognitiva.

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