Diseño biofílico, neuroarquitectura y análisis ambiental mediante metodología BIM
El diseño de infraestructura sanitaria en contextos rurales presenta desafíos y oportunidades particulares, donde la relación entre arquitectura, paisaje y experiencia del usuario adquiere un rol fundamental. En este escenario, el diseño biofílico se consolida como una estrategia clave para potenciar entornos terapéuticos, especialmente en centros de atención primaria, donde el bienestar emocional de pacientes y personal de salud resulta determinante.
La Posta de Salud Casma, emplazada en el entorno natural de Frutillar, se concibe desde una lógica de integración con el paisaje, reconociendo el valor terapéutico del contacto visual y físico con la naturaleza. El proyecto articula áreas de jardines exteriores que se funden con el entorno inmediato, generando una transición gradual entre espacio construido y paisaje natural.
El proyecto de la Posta de Salud Casma, ubicada en el sector Frutillar, constituye un caso de estudio relevante para analizar cómo la iluminación natural, el emplazamiento y la simulación energética y solar inciden directamente en la calidad de los entornos terapéuticos.
Arquitectura biofílica y reducción del estrés
Diversos estudios en neurociencia ambiental y psicología ambiental han demostrado que la exposición a elementos naturales —como vegetación, luz natural, vistas exteriores y materiales orgánicos— contribuye significativamente a la reducción del estrés, la ansiedad y la percepción de dolor en contextos de atención médica.
Investigaciones clásicas como las de Roger Ulrich (1984) evidencian que pacientes con vistas hacia la naturaleza presentan menores niveles de estrés, menor consumo de analgésicos y tiempos de recuperación más breves. Estudios posteriores en neuroarquitectura han confirmado que la presencia de patrones naturales, texturas orgánicas y materiales cálidos favorece la activación del sistema nervioso parasimpático, asociado a estados de calma y bienestar.
En la Posta de Salud Casma, el diseño paisajístico no se entiende como un elemento ornamental, sino como una extensión funcional del espacio terapéutico, permitiendo:
- Vistas controladas hacia áreas verdes desde salas de espera y circulaciones
- Espacios exteriores de permanencia que reducen la sensación de encierro
- Transiciones suaves entre interior y exterior, disminuyendo la ansiedad del usuario
Neuroarquitectura aplicada al diseño hospitalario
La neuroarquitectura es un área de la arquitectura que, a partir de datos científicos y estudios neurocognitivos, analiza de forma objetiva y sistemática cómo los espacios construidos influyen en las emociones, conductas y capacidades de las personas. Su objetivo es diseñar entornos que favorezcan el bienestar, reduzcan el estrés y mejoren la productividad.
En el ámbito de la arquitectura sanitaria, esta disciplina adquiere especial relevancia, dado que los espacios de atención influyen directamente en:
- La percepción de confort y seguridad del paciente
- El desempeño del personal médico
- Los tiempos de recuperación
- La reducción de la ansiedad y el estrés
Uno de los factores ambientales más determinantes dentro de este enfoque es la iluminación natural, abordada mediante estudios de eficiencia energética y análisis solar en entornos BIM.

Materialidad, textura y percepción emocional del espacio
El proyecto reconoce el valor del emplazamiento rural y natural como un activo terapéutico. La volumetría del edificio, de escala contenida y líneas simples, evita imponerse sobre el paisaje, integrándose de manera armónica al contexto. La textura continua de la fachada en madera refuerza esta intención, dialogando con los colores y patrones del entorno natural de Frutillar.
Desde la neuroarquitectura, esta coherencia entre edificio y paisaje reduce la carga cognitiva del usuario, facilitando la orientación espacial y generando una experiencia más amable y comprensible del recinto de salud.
Uno de los elementos centrales del proyecto es el uso de madera en fachada, combinada con una paleta interior dominada por tonos blancos y madera natural. Esta decisión responde tanto a criterios climáticos y constructivos como a fundamentos neurocientíficos.
La madera, como material biofílico, presenta patrones visuales irregulares, texturas naturales y tonalidades cálidas que el cerebro humano asocia inconscientemente con refugio, protección y estabilidad. Estudios de neuroarquitectura han demostrado que los espacios con presencia de madera reducen la presión arterial, disminuyen la frecuencia cardíaca y generan una percepción de mayor confort ambiental en comparación con superficies frías o altamente industrializadas.
En el interior de la posta, la combinación de:
- Superficies blancas (asociadas a limpieza, claridad y seguridad sanitaria)
- Elementos en madera (asociados a calidez, naturaleza y contención emocional)
permite equilibrar la percepción técnica del espacio médico con una atmósfera acogedora, reduciendo el estrés asociado a la espera y a los procesos de atención clínica.
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