Pinturas sanitarias con propiedades antimicrobianas
Las infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria (IRAS), conocidas también como infecciones nosocomiales, siguen siendo uno de los principales desafíos para la seguridad del paciente en los sistemas sanitarios de todo el mundo. Su abordaje resulta especialmente complejo cuando están causadas por microorganismos resistentes a los antibióticos, ya que las opciones para combatirlos son más limitadas.
Estas infecciones pueden tener importantes repercusiones, como el incremento de la morbilidad y la mortalidad, la prolongación de las hospitalizaciones y el aumento de los reingresos. Asimismo, generan un mayor consumo de recursos sanitarios y elevan los costes económicos para los sistemas de salud, sin olvidar el impacto humano que suponen para las personas afectadas.
Según el informe de la Organización Mundial de la Salud Report on the Burden of Endemic Health Care-Associated Infection Worldwide, al menos uno de cada diez pacientes adquiere una infección durante la atención sanitaria en Europa, lo que se traduce en aproximadamente 37.000 muertes anuales directamente relacionadas con estas infecciones. Además, generan alrededor de 16,4 millones de días adicionales de hospitalización y un coste estimado de 7.000 millones de euros al año.
Diversos estudios sobre efectos adversos en el ámbito sanitario demuestran que una parte significativa de estos eventos es potencialmente evitable. Investigaciones como ENEAS, APEAS, SYREC o EVADUR estiman que entre el 50% y el 70% de los efectos adversos relacionados con la atención sanitaria podrían prevenirse, lo que pone de manifiesto el amplio margen de mejora existente.
Un enfoque integral de prevención
La prevención requiere una estrategia coordinada que vaya más allá de la aplicación de medidas aisladas. Organismos internacionales y autoridades sanitarias defienden un modelo basado en múltiples barreras de protección, en el que distintas actuaciones se complementen para reducir el riesgo de transmisión de infecciones y reforzar la seguridad de los pacientes.
Este enfoque contempla acciones como la vigilancia epidemiológica, el cumplimiento de los protocolos de higiene de manos, la utilización responsable de antibióticos, la esterilización adecuada de los dispositivos médicos y el mantenimiento de unas condiciones óptimas de higiene ambiental en los centros sanitarios.
En este contexto, las superficies hospitalarias constituyen un elemento importante en la prevención de las infecciones. Diversas investigaciones han constatado que los microorganismos responsables de las infecciones nosocomiales pueden permanecer durante periodos prolongados en superficies inertes, que actúan como posibles reservorios y favorecen su transmisión a pacientes, profesionales sanitarios y visitantes.
Estudios publicados en revistas científicas especializadas en higiene hospitalaria señalan que determinados patógenos pueden sobrevivir en superficies secas durante semanas e incluso meses. Estos hallazgos ponen de relieve la necesidad de establecer y mantener programas rigurosos de limpieza y desinfección ambiental, adaptados a las características y necesidades de cada entorno asistencial.
El papel del biofilm en la persistencia de microorganismos
Uno de los factores que contribuye a la persistencia de microorganismos en entornos sanitarios es la formación de biofilm, una estructura biológica en la que los microorganismos se adhieren a superficies y quedan protegidos por una matriz extracelular.
Esta organización les permite resistir mejor la acción de desinfectantes, antibióticos y condiciones ambientales adversas. Por este motivo, el biofilm está implicado en una gran proporción de infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria y representa un desafío adicional para las estrategias de control microbiológico.
La prevención de su formación se ha convertido, por tanto, en un objetivo prioritario dentro de las políticas de higiene hospitalaria.
Reducir el riesgo de transmisión desde las superficies
La limpieza y desinfección ambiental constituyen una de las medidas más efectivas para reducir la carga microbiana en los centros sanitarios. Sin embargo, su eficacia depende de múltiples factores: elección adecuada del desinfectante, correcta dosificación, tiempo de contacto suficiente y aplicación conforme a protocolos establecidos.
En la práctica, estos procesos pueden verse afectados por el denominado factor humano, que incluye errores en la selección de productos, en la aplicación de los protocolos o en la formación del personal encargado de las tareas de limpieza y desinfección.
Diversos análisis han señalado que la eficacia real de la limpieza manual puede verse reducida cuando estos factores no se controlan adecuadamente, lo que evidencia la necesidad de complementar las estrategias tradicionales con otras medidas de prevención.
Según Antares Consulting la eliminación ideal de microorganismos por métodos manuales es del 93,3%.
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