Un fallo eléctrico en el quirófano no empieza con un apagón

Instalaciones Electricidad Seguridad Un fallo eléctrico en el quirófano no empieza con un apagón

En un hospital, una incidencia eléctrica de milisegundos puede afectar sistemas que no admiten interrupción: quirófanos, alarmas técnicas, imagen médica o iluminación de emergencia. Microcortes, fluctuaciones de tensión o fallos momentáneos en la red pueden afectar sistemas esenciales que deben permanecer operativos en todo momento, y cuando esto ocurre, el problema no es únicamente la pérdida de energía, sino el tiempo de reacción y la capacidad de mantener la continuidad del servicio sin intervención manual.

Uno de los escenarios más sensibles se produce en los bloques quirúrgicos. Aunque los equipos médicos principales suelen estar protegidos mediante SAI/UPS centralizados, otros sistemas auxiliares dependen de soluciones específicas de alimentación DC y respaldo por baterías. Si la carga de baterías no está correctamente gestionada o el sistema no responde con estabilidad ante una incidencia eléctrica, la infraestructura pierde capacidad de respuesta precisamente cuando más la necesita.

Para este tipo de aplicaciones, el FAC Q de Salicru actúa como fuente de alimentación conmutada y cargador industrial de baterías diseñado para garantizar continuidad operativa en entornos críticos. Su arquitectura permite mantener alimentados circuitos esenciales y asegurar la carga permanente de las baterías asociadas a servicios de emergencia hospitalarios. El sistema incorpora salida AC/DC continua, protecciones magnetotérmicas, seccionador de baterías y señalización frontal de estados y alarmas, facilitando tanto la supervisión como el mantenimiento preventivo. Además, sus relés de alarma permiten integración con plataformas técnicas centralizadas, algo especialmente relevante en hospitales con gestión BMS o monitorización energética avanzada.

Otro aspecto especialmente valorado por los responsables de mantenimiento es su refrigeración por convección natural. Al eliminar ventiladores y componentes mecánicos de desgaste, se reducen incidencias y necesidades de intervención técnica, mejorando la disponibilidad del sistema en funcionamiento continuo 24/7. Al final, la diferencia entre una incidencia controlada y un problema operativo reside en equipos discretos, integrados en cuadros técnicos, que garantizan que los sistemas críticos sigan funcionando cuando la red deja de ser estable.

 

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