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Fecha: Julio 2019
Idioma: Castellano
Procedencia: Pinearq
Web: ver aquí
Autor: Albert de Pineda, arquitecto fundador de Pinearq

A lo largo de la historia de la arquitectura hospitalaria, la superficie de la unidad de hospitalización ha variado sustancialmente. Originariamente, un hospital era un edificio de habitaciones para pacientes pero, con los desarrollos de la tecnología médica, esta unidad ha perdido jerarquía en la configuración de lo que ahora es un hospital: un equipamiento complejo.

La forma y el reparto de las funciones al interior hospital han cambiado, principalmente, por la estancia media de los pacientes en él, ya que se ha disminuido al pasar de 12 días por paciente a 4 días por paciente. Este cambio es posible por los avances en medicina, con nuevas técnicas de cirugía mayor ambulatoria, de cirugía menor y con los hospitales de día.

Para desarrollar una unidad de hospitalización, primero se debe definir la habitación tipo y, por lo tanto, el número de camas por habitación. El origen de esta unidad es una sala única para 20 pacientes, como la definió la enfermera inglesa Florence Nightingale en el siglo XIX; luego, se crea la unidad de hospitalización al agrupar varias habitaciones de diferentes tipos: individual con baño, doble con baño, triple con baño, y cuádruple con baño (que se conforma por la eliminación del muro que divide dos habitaciones dobles). La definición de este parámetro es fundamental para concretar la forma de una unidad de hospitalización.

Especificar el número de camas es básico en esta definición. Generalmente, se desarrollan unidades de 20 habitaciones con dimensión de dobles, para utilizar 10 de estas con dos camas y las otras 10 con una sola cama. Esto es porque el coste de construcción de una habitación doble con baño y de una individual con baño es muy similar: de esta manera, se obtienen unidades de hospitalización flexibles que pueden acoger entre 30 y 40 pacientes en función de las necesidades del hospital e, incluso, de los cambios a lo largo del año.

Nos preocupa, fuertemente, la relación de cada habitación con la ventana. Por la posición horizontal del paciente, buscamos soluciones que permitan la visión hacia el exterior, como antepechos bajos, que suman en el confort y la tranquilidad de los usuarios de estos espacios. Por lo tanto, se busca la orientación solar para aprovechar el máximo número de horas de luz natural y, por consiguiente, se apuesta por un control lumínico que complete este criterio. La luz y las vistas ayudan en la recuperación del paciente, además de hacer las horas de espera más placenteras.

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