Menos agua, más higiene: el nuevo reto de los centros de salud
En los hospitales y clínicas, el consumo de agua puede alcanzar entre 300 y 450 litros por cama y por día, frente a los aproximadamente 145 litros que se consumen en los hogares. Este importante consumo está relacionado con múltiples necesidades: higiene de las manos, esterilización en quirófanos, aseo de los pacientes que puede llevar más tiempo y a veces requiere la intervención del personal sanitario (duchas), limpieza de superficies, lavanderías y restauración.
Sin embargo, a pesar de las ideas preconcebidas, consumir mucha agua en este contexto no garantiza necesariamente una mayor higiene: un exceso de agua puede ocultar prácticas ineficaces y no evita el estancamiento en las tuberías. Esto crea un terreno propicio para el desarrollo de bacterias como la legionela, que prolifera en solo 72 horas.

Una paradoja que plantea la siguiente cuestión: menos agua para combatir mejor las infecciones
Para limitar la contaminación, en muchos países existen normas y prácticas que imponen purgas y vaciados. Es el caso de Alemania, con la norma Trinkwasser, que exige vaciar los puntos de agua tras 72 horas sin uso. En otros países, simplemente se abren los grifos una vez a la semana durante varios minutos. Pero, en general, lo que se recomienda en caso de legionela es un choque térmico a 70-80 °C. Se trata de un dispositivo costoso en energía y complejo de implementar en función del estado de las redes. Todas estas medidas se llevan a cabo sin centrarse específicamente en las zonas de la red poco utilizadas o contaminadas, lo que genera un consumo excesivo de agua.
Entonces, ¿cómo se puede abordar el problema bacteriológico de los centros de salud sin desperdiciar agua?

Soluciones concretas: cuando la innovación reduce el consumo
Hay que entender que el importante consumo de agua de un centro hospitalario es normal por las razones anteriormente mencionadas. Duchas, lavabos, fluxores: sin embargo, hoy en día es posible ajustar con precisión la cantidad de agua en función de las necesidades y, por lo tanto evitar que se desperdicie, al tiempo que se garantiza una seguridad sanitaria real.
Por este motivo, la norma NF M ha reducido los caudales de los grifos de ducha y lavabo. Los grifos mezcladores de ducha DELABIE, limitados a 9 l/min, incorporan reguladores de caudal que mantienen una presión suficiente para el lavado y evitan el exceso de agua. Esto también se aplica a los grifos mezcladores de lavabo DELABIE, cuyo caudal suele estar regulado a 5 l/min.

En cuanto a los grifos mezcladores secuenciales o termostáticos, mezclan agua caliente y fría conforme a la demanda, garantizan una temperatura estable y reducen así la cantidad de agua desperdiciada durante el ajuste de la temperatura. Además de mejorar el confort del usuario, también reducen el consumo energético relacionado con la producción de agua caliente, al tiempo que contribuyen a limitar la proliferación bacteriana gracias a un caudal optimizado.

En lo que respecta al protocolo de lavado de manos del personal de salud, la grifería electrónica es hoy en día la más adecuada. Una solución mural como el grifo mural electrónico de lavabo TEMPOMATIC, detecta las manos mediante infrarrojos. Solo se abre cuando el usuario se acerca y se cierra automáticamente cuando se aleja, evitando así cualquier consumo innecesario.
Por último, las descargas de agua también pueden ser una verdadera fuente de desperdicio y proliferación bacteriana. Por un lado, un mecanismo con cisterna presenta un alto riesgo de fugas (hasta 200 m3 de agua desperdiciada en un año) y, por otro, también supone un riesgo para la salud, ya que el agua permanece en gran parte estancada. Para paliar estas eventualidades, el fluxor de descarga directa, resulta ser la mejor opción gracias a su mecanismo fiable y sin estancamiento de agua.
Además, la grifería electrónica integra una función de descarga automática, que activa un flujo de agua 24 horas después del último uso. Este mecanismo de descarga controlada permite renovar el agua regularmente, lo que limita la proliferación bacteriana sin provocar un consumo excesivo.
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