Hacia una arquitectura mundial de la salud más coordinada y sostenible

OCTUBRE 2026 | Alemania | VER WEB
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El director de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y director regional de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para las Américas, Jarbas Barbosa, instó a reforzar el papel de los países y las instituciones regionales en las reformas del sistema mundial de salud durante su participación en la Cumbre Mundial de la Salud 2026 (World Health Summit), celebrada en Berlín. El objetivo es avanzar hacia un modelo de cooperación más coordinado, inclusivo y sostenible, en el que las responsabilidades estén mejor definidas y los recursos disponibles se utilicen de forma más eficiente.

El llamamiento se produce en un contexto de restricciones financieras y preocupación por la fragmentación de las iniciativas internacionales y la duplicación de esfuerzos. Los Estados Miembros de la OMS y sus socios están revisando los mecanismos de gobernanza, financiación y cooperación sanitaria para mejorar la coordinación entre los niveles nacional, regional y mundial. Está previsto que las recomendaciones finales de este proceso se presenten ante la Asamblea Mundial de la Salud en 2027.

A partir de la experiencia de las Américas, Barbosa destacó la importancia de la cooperación regional para trasladar los compromisos internacionales a medidas concretas en cada país. En este sentido, recordó los más de 120 años de colaboración entre los países de la región a través de la OPS y señaló que iniciativas como las compras conjuntas, el fortalecimiento de la atención primaria, la eliminación de enfermedades y el impulso a la innovación y la producción sanitaria demuestran el valor de la acción coordinada frente a desafíos compartidos.

El director de la OPS también subrayó que una arquitectura mundial de la salud eficaz requiere una distribución clara y complementaria de las funciones. Los países deben liderar sus propias prioridades sanitarias, mientras que las instituciones regionales han de adaptar las orientaciones y normas internacionales a las necesidades de cada territorio y facilitar su aplicación nacional. Por su parte, las instituciones mundiales deben establecer estándares, definir marcos comunes y proporcionar orientación técnica. Reforzar la participación regional en la toma de decisiones, y no limitarla a la implementación de acuerdos, contribuiría a mejorar la capacidad de respuesta del sistema.

La financiación constituye otro de los aspectos centrales de esta transformación. La mayoría de los países de las Américas son de ingresos medianos y dependen principalmente de recursos nacionales para sostener sus sistemas sanitarios. Por ello, Barbosa señaló la importancia de articular mejor la financiación interna, los recursos destinados al desarrollo y la cooperación internacional, de manera que los países puedan avanzar en sus prioridades y obtener mejores resultados con los recursos disponibles.

Durante los tres días de la cumbre en Berlín, el director de la OPS también promovió nuevas oportunidades de colaboración internacional en torno a prioridades sanitarias de las Américas. Participó en debates sobre inteligencia epidémica, dengue, envejecimiento saludable, enfermedades no transmisibles, el enfoque de Una Salud, seguridad sanitaria y participación juvenil en la toma de decisiones sobre salud mundial. En estos encuentros, puso el foco en la necesidad de convertir los avances científicos y los compromisos internacionales en actuaciones concretas que generen beneficios para la población.

Asimismo, mantuvo reuniones con organizaciones internacionales y representantes del sector privado para explorar posibles iniciativas de cooperación en prevención del suicidio, salud cerebral, ciencia de la implementación, inteligencia artificial y salud digital. Entre los interlocutores figuraron la WHO Foundation, Boehringer Ingelheim, Davos Alzheimer's Collaborative, el Instituto Heidelberg de Salud Global y Google for Health, con quienes abordó áreas de colaboración actuales y futuras en la región.

Barbosa defendió que las alianzas internacionales deben responder a las prioridades definidas por los propios países y contribuir a transformar el conocimiento, la financiación y la innovación en mejores resultados sanitarios. En este marco, destacó la soberanía sanitaria, el liderazgo nacional y la solidaridad regional como pilares para construir un sistema mundial de salud más coordinado, capaz de responder a las necesidades de cada territorio y sostenible a largo plazo.

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