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Fecha: Octubre 2019
Idioma: Castellano
Procedencia: La Vanguardia
Web: ver aquí

El ruido constante, como el tráfico, agrava los ictus. El riesgo de aumentar la gravedad de una obstrucción de un vaso en el cerebro, se eleva a un 30% para aquellos que viven cerca de una vía ruidosa.

Un estudio llevado a cabo por ISGlobal, centro impulsado por La Caixa, y Hospital del Mar han analizado la influencia de la contaminación atmosférica y la exposición a zonas verdes en cerca de 3.000 pacientes atendidos en el Hospital del Mar por un ictus isquémico entre los años 2005 y 2014.

Las causas que barajan los investigadores es que el ruido incide en el endotelio de los vasos, la capa interna de cada arteria o vena. “El endotelio es responsable de que la sangre fluya bien, y si está estresado tenderá a hacer coágulos y habrá trombos más grandes, y por tanto ictus más graves, que afectaran a una zona mayor del cerebro” dice la neuróloga e investigadora en IMIM Rosa Maria Vivanco.

Este estudio no ha permitido determinar qué umbral es el que marca la línea roja de peligro, aunque sí se pudo establecer la diferencia de gravedad entre quienes tenían los niveles más bajos y los que tenían los más altos.

La otra cara de la moneda en cuanto a factores ambientales en la gravedad del ictus es la exposición a las zonas verdes. Entre los pacientes estudiados por el Hospital del Mar, aquellos que vivían cerca de una zona arbolada o verde tuvieron un 25 % menos de accidentes vasculares que el resto. Los investigadores consiguieron elaborar un gradiente de verde y gravedad gracias a información cartográfica sobre estas zonas y su densidad, y dividieron la exposición según si los afectados vivieran a 100, 200 o 500 metros del área verde.

El impacto positivo es notable. El verde reduce el estrés, facilita las relaciones sociales e invita a una mayor actividad física. Pero además hay una mejor fisiología en quienes viven próximos a él, hay una respuesta inflamatoria menor, hay menos estrés oxidativo, menos adrenalina… en definitiva un conjunto de factores que hacen que el trombo sea menor y que se deshaga mejor.

Solapando toda esta información se llega a la conclusión de que el efecto del verde modifica el daño cerebral, mitiga el efecto del ruido y de contaminación. Además reafirma la idea de que nuestro entorno tiene una influencia determinante en la carga de enfermedad y sus secuelas.

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