Edificio de Servicios Generales. Hospital de Cruces

IDOM | Barakaldo (Vizcaya), España
Proyectos Tipología Arquitectura Hospitales Generales Edificio de Servicios Generales. Hospital de Cruces




El edificio de Servicios Generales está destinado a agrupar los laboratorios del Hospital de Cruces, que es el mayor centro hospitalario del País Vasco. En él se ubican las áreas de hematología, laboratorio robótico, inmunología, microbiología, anatomía patológica, genética e investigación, así como otros servicios asociados como es el mortuorio o el área extracciones.


El edificio está construido en el que era el último solar libre del centro, anexo a un edificio existente y haciendo de separación entre el Hospital y el barrio residencial de la Milagrosa. La parcela de una proporción alargada, 84 metros de largo por 15 metros de ancho en un extremo y 26 metros de ancho en el extremo opuesto, salva un desnivel de más de 13 metros.


Uno de los condicionantes de partida requeridos por el cliente era que el edificio agotara la edificabilidad establecida en la normativa. Como consecuencia, la volumetría del edificio debió ceñirse a las alineaciones establecidas en el plan general de ordenación urbana.


Debido a su ubicación junto a la autopista que discurre en un punto más bajo, el edificio toma una posición predominante y adquiere un fuerte protagonismo en el entorno. A través de las fachadas principales norte y sur, de color predominantemente blanco y de carácter abstracto, se pretende evocar la imagen de un mapa de proteínas como reflejo de la actividad que el edificio contiene.


La fachada oeste, que se ubica de manera frontal a una autopista fuente de importantes emisiones de ruidos, se diseña con un carácter más cerrado y hermético. En el extremo opuesto del edificio se libera una franja en forma "L" de las fachadas este y norte, mediante un frente acristalado transparente en toda la altura de la planta baja, que indica cual es el área de acceso público para extracciones y análisis clínicos. El conjunto aporta una imagen de un contenedor tecnológicamente avanzado y aséptico.


El edificio no solo da servicio al hospital de Cruces, sino también a otros centros hospitalarios del entorno, por lo que las conexiones con el exterior, tanto peatonales como de vehículos, son de vital importancia. El edificio cuenta con cuatro accesos directos desde la calle a distintos niveles, gracias a la pronunciada pendiente del solar, así como distintas conexiones con el edificio anexo.



El programa se distribuye en siete plantas, dos de ellas de garaje. En planta primera la continuación de un núcleo de comunicación peatonal aéreo, denominado "humanoducto", conecta las circulaciones internas del personal con el resto de edificios del centro hospitalario.


Las plantas se diseñaron lo más diáfanas posibles, con amplias luces entre pilares, que permitieran futuros cambios con gran flexibilidad. La distribución se configura a través de un eje central en forma de espina de pez, que engloba las comunicaciones, tanto verticales como horizontales y los patinillos. Estos últimos disponen de total accesibilidad en todas las plantas y fueron dimensionados con un amplio espacio de reserva. La configuración en espina de pez minimiza el recorrido de personas fuera de áreas comunes y hace que los trazados de instalaciones sean más cortos y por lo tanto resulte más sencillo realizar posibles redistribuciones del programa.


Las alturas entre forjados estaban condicionadas por las plantas del edificio anexo, ya que eran necesarias diversas conexiones entre ambos edificios. Esto supuso que las alturas libres de falsos techos fueran menores a las que se hubiesen diseñado en un edificio exento. De cara a no colmatar los falsos techos y disponer posibilidades de ampliación y modificación de las instalaciones existentes, se diseñó un sistema de impulsión de aire con inductores que minimizó el tamaño de los conductos


Los cambios de programa que se dan en el centro para a adaptarse a las necesidades funcionales de las distintas áreas son habituales, por lo tanto, puesto que los equipos que pueden necesitar los laboratorios son de gran peso, se diseñó en todas las plantas una losa con una sobrecarga admisible de 1.000kg/m2, de cara a facilitar el cambio de usos por planta.




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