Entrevista a Xavier Pardell

Tecnología Equipamiento Médico Entrevista a Xavier Pardell

¿En qué momento empezaste a interesarte por la electromedicina?

Mi carrera es un reflejo de la propia evolución tecnológica. Comencé en la trinchera de los equipos electromecánicos, y di un salto internacional que me llevó a Japón, a colaborar con Matsushita Electric Industrial —hoy Panasonic— en el desarrollo de sistemas de servocontrol. Fue una experiencia fundacional.

Posteriormente, me sumergí en el mundo de las radiocomunicaciones, dominando sistemas analógicos y digitales, y tuve la oportunidad de estar en primera línea cuando las redes digitales irrumpieron en el mercado. Fue una época de cambio frenético.

Hasta que mi trayectoria dio un vuelco hacia el sector sanitario. Un proyecto con una empresa de Madrid, con la que ya colaboraba, me puso por primera vez frente a equipos médicos y entornos hospitalarios. Ahí encontré mi verdadera vocación: aplicar toda mi experiencia tecnológica previa a la electromedicina, un campo donde la innovación impacta directamente en la vida de las personas.

 

¿Cuáles fueron tus primeros pasos en el mundo de la electromedicina?

Mi transición definitiva llegó al dejar la empresa de Madrid. Con la certeza de que mi camino estaba en la electromedicina, me uní a una empresa de servicios con una particularidad: estaba vinculada a una constructora. Una combinación que, de entrada, me resultó cuanto menos peculiar.

Fue allí donde me enfrenté a la cruda realidad del campo. Por un lado, la altísima exigencia técnica de trabajar con equipos de vida crítica, donde cualquier error tenía consecuencias reales. Por otro, me sumergí en un entorno hospitalario que, en ese momento, operaba con carencias sorprendentes: faltaban protocolos básicos para circular en áreas estériles o manipular dispositivos, y la información técnica era un bien escaso. Los manuales físicos eran difíciles de conseguir e internet aún no era la herramienta que es hoy.

Cada reparación se convertía en una misión. Nos apoyábamos en una suerte de conocimiento tribal, en notas manuscritas meticulosas y, sobre todo, en una resiliencia a prueba de todo. Y fue paradójicamente en esa adversidad donde mi vocación se consolidó por completo. Descubrí que la electromedicina no demandaba solo pericia técnica, sino también una dosis de ingenio y, lo más importante, un sentido de responsabilidad absoluto.

 

¿Cuál dirías que fue el mayor desafío técnico o humano que enfrentaste en tus primeros años trabajando en hospitales?

Sin duda, el momento que definió para mí la verdadera esencia de esta profesión ocurrió durante mis primeros años en el Hospital Sagrat Cor. Un respirador falló en plena emergencia en la UCI, sumiéndome en una batalla contra el tiempo. El desafío era doble: técnicamente, debía diagnosticar la avería bajo una presión extrema; humanamente, me enfrentaba a la angustia palpable del personal y al peso de una responsabilidad absoluta sobre la vida de un paciente.

Recuerdo con una claridad abrumadora el silencio tenso de la habitación, roto solo por el sonido agudo de las alarmas, y la sensación de tener todas las miradas del equipo clínico posadas en mí. Esa tarde, la electromedicina dejó de ser una disciplina abstracta para mostrarse en su forma más cruda y esencial: comprendí que en este campo no se reparan simplemente máquinas, sino que se custodian vidas humanas. Esa lección transformó para siempre mi perspectiva profesional.

 

¿En qué momento comprendiste que la electromedicina no era solo tecnología, sino también seguridad clínica?

Fue en medio de aquel incidente con el respirador cuando ocurrió el verdadero punto de inflexión. Hasta ese momento, yo abordaba mi trabajo como lo que era: un complejo rompecabezas técnico que resolver. Pero algo hizo clic en mi mente al ver al equipo médico pendiente de mi diagnóstico, con la vida de un paciente literalmente en juego.

En un instante de claridad absoluta, comprendí que cada componente que revisaba y cada decisión que tomaba trascienden lo técnico: tienen una implicación clínica directa e inmediata. Aquel día, mi filosofía profesional cambió para siempre. El objetivo dejó de ser simplemente "arreglar" un equipo para convertirse en "garantizar su funcionamiento seguro y confiable para el paciente". La seguridad del paciente se convirtió, desde entonces, en mi principio rector absoluto.

 

Desde tu punto de vista, ¿cómo ha cambiado el rol del técnico de electromedicina en las últimas décadas?

Ha sido una transformación radical, un verdadero giro de 180 grados. En las últimas décadas, nuestra profesión ha evolucionado de ser simplemente 'reparadores de equipos' a convertirnos en 'gestores integrales de tecnología sanitaria'.

Antes, nuestro universo se limitaba al taller, centrándonos en un mantenimiento correctivo cuando un dispositivo fallaba. Hoy, nuestro rol es estratégico y de ciclo completo: somos responsables del mantenimiento predictivo y preventivo, de la capacitación continua del personal clínico, de la evaluación de nuevas tecnologías y de garantizar el cumplimiento de una normativa cada vez más compleja.

La digitalización ha sido el gran catalizador, transformándonos en especialistas en la integración de sistemas y la gestión de datos clínicos. En esencia, nos hemos consolidado como un eslabón fundamental, un puente indispensable entre el mundo de la ingeniería y la práctica clínica.

              

¿Cómo percibes la colaboración entre técnicos, médicos y otros profesionales en el entorno clínico? ¿Cómo ha evolucionado esta colaboración? ¿Qué debería mejorar?

La colaboración con el equipo clínico ha experimentado una evolución extraordinaria, y es uno de los aspectos que más me enorgullece. Hemos pasado de ser percibidos como un mero servicio de apoyo a convertirnos en consultores tecnológicos integrados. Se ha forjado un diálogo fructífero: los médicos reconocen y valoran nuestra experiencia técnica, y nosotros hemos profundizado en la comprensión de sus necesidades y su lenguaje. Este respeto mutuo es, sin duda, un logro fundamental.

No obstante, el siguiente paso evolutivo está en afinar la comunicación bidireccional. Echamos en falta protocolos más ágiles para reportar incidencias y una mayor participación en las decisiones de adquisición de nuevo equipamiento. En ocasiones, se adquiere tecnología de vanguardia sin una evaluación técnica sobre su integración o mantenimiento, lo que genera problemas posteriores que son, en realidad, evitables. Nuestra voz en esta fase es clave para consolidar una verdadera alianza estratégica.

 

¿Qué tecnologías médicas consideras que marcaron un antes y un después en tu trayectoria profesional?

Han sido varias las tecnologías que actuaron como auténticos terremotos, reconfigurando por completo el paisaje de mi profesión. Cada una marcó un hito y me obligó a una reinvención profesional.

La monitorización digital integrada revolucionó la UCI, centralizando datos y mejorando radicalmente la toma de decisiones clínicas. Los equipos de imagen digital, como el TAC y la resonancia, transformaron el diagnóstico hasta niveles antes impensables. Los sistemas de gestión cambiaron para siempre la trazabilidad, tanto de los equipos como de los pacientes.

Y ahora, estamos inmersos en la nueva gran sacudida: la telemedicina y el IoT. Estas tecnologías no solo redefinen nuestro trabajo, sino que nos exigen dominar nuevos paradigmas, como la conectividad omnipresente y la ciberseguridad. Cada uno de estos terremotos tecnológicos no solo cambió el 'qué' hacemos, sino el 'cómo' pensamos.

 

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