La necesidad de un cambio en el diseño de espacios para personas mayores

Sergio de las Casas, Arquitecto especialista en diseño-cognitivo en 3S Senior Design | ABRIL 2021
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Al igual que la sociedad evoluciona día a día, los usuarios de las residencias han ido cambiando también en función de su edad, su perfil socio cultural, sus costumbres, necesidades y exigencias. Y de la misma manera que otros negocios se adaptan a las necesidades de sus clientes, el sector socio-sanitario ha de adaptarse a esta nueva realidad.

Podemos hacer una analogía muy gráfica entre la cocina y las necesidades de los centros socio-sanitarios, comparando un sencillo plato de garbanzos con la generación de la postguerra, con la generación de baby boom que ahora busca un menú completo, variado, con diferentes texturas y sabores. Luego llegarán los millennials, que buscarán la exclusividad y el individualismo.

Los baby boomers, que poco a poco se van convirtiendo en los usuarios finales de las residencias, son una generación que socio-culturalmente ha superado con creces a la anterior, está mejor preparada, han llevado una vida más saludable y se encuentra en mejores condiciones físicas. Por tanto, una residencia típica española, donde va a estar la mayor parte del tiempo frente a un televisor en una pequeña sala, no es un producto admisible; solo recurrirán a esta actividad en casos muy puntuales. Esto es algo que no ocurre en otros países, donde el concepto de senior living está mucho más implantado y desarrollado y donde las personas mayores tienen la posibilidad de elegir un producto mucho más acorde a sus necesidades y preferencias.

Si no reacciona rápido, el mercado geriátrico español se irá quedando obsoleto y en pocos años las residencias estarán condenadas a renovarse o morir.

A este problema de obsolescencia de las residencias actuales hay que añadir el empuje de las nuevas tecnologías y cómo estas pueden ayudar a mantener una vida independiente durante el máximo tiempo posible.

¿Significa esto el principio del fin de las residencias? Creo que no, pero sí que implica un cambio de rumbo, por un lado, ofreciendo complejos de viviendas para mayores independientes, donde puedan desarrollar una vida plena, con la tranquilidad de saber que, en caso de necesidad, serán muy bien atendidos. Los complejos han de diseñarse específicamente para ellos, adaptándose a las necesidades de los seniors y siendo conscientes de cómo será su evolución, fomentando la socialización, los espacios comunes, la vida saludable y el ocio.

Como diseñadores y arquitectos, a la hora de concebir este tipo de espacios, hemos de tener en cuenta no solo las limitaciones físicas propias de la edad sino también el inevitable deterioro cognitivo que sufren o sufrirán las personas mayores, aunque sigan siendo independientes.

 

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Salón comedor “Seniors Plaza” por 3S Senior Design

 

Esta es la razón por la cual debemos crear espacios conectados visualmente entre sí que faciliten la orientación, con el uso de texturas, colores e hitos que nos ayuden a identificar de forma sencilla e intuitiva el camino que debemos seguir para llegar a nuestra vivienda, a la cafetería o los jardines.

Las viviendas deben poder adaptarse fácilmente a las necesidades físicas de los usuarios, incorporándose de forma paulatina las ayudas auxiliares según las necesidades de cada uno, e ir integrando en todo momento estos accesorios en el diseño para no convertir la vivienda en una habitación de hospital.

 

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Ejemplo de baño evolutivo “Seniors Plaza” por 3S Senior Design

 

Por otro lado, tendremos las residencias, que irán perdiendo de forma progresiva a los mayores independientes, los cuales podrán optar por su vivienda familiar, que con la ayuda de las nuevas tecnologías asistenciales permitirán alargar cada vez más la vida independiente de las personas. También puede que opten por complejos residenciales para mayores independientes, donde llevarían una vida cómoda y autónoma con muchas opciones para la socialización.

Entonces, ¿quién irá a las residencias? ¿Siguen teniendo futuro? Según estudios recientes realizados para España, se estima que existen alrededor de 800.000 personas que sufren de alzhéimer u otro tipo de demencia; una cifra que se calcula subirá hasta 1.200.000 para el año 2030. En nuestro país, por desgracia, apenas existen centros realmente concebidos y diseñados para estas personas, centros que sí se han desarrollado y se siguen desarrollando de manera significativa en otros mercados más punteros como pueden ser los anglosajones (EE. UU., RU y Australia) o los de los países nórdicos.

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