Unidades de aislamiento con presión negativa de despliegue rápido: Enfoque de diseño y desarrollo del sistema
Este artículo fue escrito por Jinkyun Cho y Jongwoon Song; y publicado en el volumen 68 del ASHRAE Journal en febrero de 2026. Creemos que puede ser de interés para los usuarios de Hospitecnia.
Diseño de sistemas de ventilación resilientes para la respuesta ante pandemias, parte 1
La experiencia acumulada en las últimas décadas con brotes como el SARS, la gripe H1N1, el MERS o la COVID-19 ha dejado claro que los sistemas sanitarios necesitan estar preparados no solo para atender a más pacientes, sino para hacerlo de forma segura, evitando que los propios hospitales se conviertan en focos de contagio. En este contexto, la ventilación y el diseño de espacios clínicos han pasado a ocupar un papel central. Este artículo elaborado por ASHRAE aborda este reto proponiendo soluciones concretas basadas en ingeniería para responder con rapidez ante futuras pandemias.
Uno de los ejes principales es el desarrollo de salas de aislamiento con presión negativa que puedan desplegarse rápidamente. Estas unidades, de carácter modular y transportable, están diseñadas para aislar a pacientes infecciosos y proteger tanto al personal sanitario como a otros pacientes. La clave está en controlar cómo se mueve el aire dentro de estos espacios. A diferencia de una habitación convencional, donde el aire se mezcla de forma más o menos uniforme, en estas salas el flujo se dirige de manera controlada desde las zonas limpias hacia las contaminadas, evitando que los patógenos se dispersen.
No basta con ventilar, es necesario hacerlo bien. Por ejemplo, mantener una presión negativa en la habitación garantiza que el aire no salga hacia otras áreas, mientras que una ventilación por desplazamiento, que empuja el aire en una sola dirección, resulta mucho más eficaz que los sistemas que simplemente mezclan el aire interior. Además, la extracción del aire cerca de la cabeza del paciente permite capturar los aerosoles justo en el punto donde se generan, reduciendo significativamente el riesgo de transmisión.
Otro aspecto fundamental es la llamada cascada de presión, un diseño que organiza los espacios en secuencia (pasillo, antecámara, habitación y baño) con diferentes niveles de presión. Este gradiente asegura que el aire fluya siempre en la dirección adecuada. Para lograrlo, se combinan sistemas de impulsión y extracción, sellados en puertas y controles precisos que mantienen estables las condiciones incluso en situaciones de uso intensivo.
El diseño también tiene en cuenta la operativa diaria en un contexto de emergencia. Por ejemplo, se separan los recorridos de pacientes y profesionales para evitar cruces innecesarios, y se incorporan módulos que pueden conectarse entre sí para adaptarse a distintas necesidades asistenciales. Todo ello sin perder de vista que estas instalaciones deben ser rápidas de montar, seguras y funcionales desde el primer momento.
Esta investigación subraya además cómo ha evolucionado el conocimiento en este ámbito. En los últimos años se ha pasado de estudios teóricos a simulaciones avanzadas mediante dinámica de fluidos computacional, capaces de predecir con gran precisión cómo se comporta el aire en distintos escenarios. Estas herramientas, combinadas con ensayos reales, permiten validar los diseños antes de su implementación, algo crucial cuando se trata de infraestructuras críticas en situaciones de crisis sanitaria.
Más allá de la tecnología, el artículo plantea que los brotes infecciosos no son eventos excepcionales, sino fenómenos cada vez más frecuentes, impulsados en parte por el cambio climático y la aparición de nuevas enfermedades zoonóticas. Esto obliga a repensar el modelo asistencial y a considerar soluciones flexibles que puedan activarse rápidamente sin comprometer la seguridad.
En este sentido, las salas modulares de aislamiento no solo son una respuesta técnica, sino también estratégica. Permiten ampliar la capacidad hospitalaria en momentos críticos, reducen el riesgo de contagio dentro de los centros sanitarios y refuerzan la confianza tanto del personal como de la población. Su diseño, basado en estándares como el ASHRAE 170, demuestra que es posible combinar rapidez, eficiencia y rigor científico.
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