Espacios saludables para personas con Alzheimer: estimulación sensorial, personalización, escalas
Healthy Architecture & City (HAC) es un grupo de investigación de la Universidad de Sevilla, una de cuyas líneas de investigación es proyectar para la ausencia de memoria. Su objetivo es contribuir con soluciones para casas, edificios y ciudades, que aporten seguridad, confort y autonomía a personas con enfermedad de Alzheimer y sus cuidadores.
La arquitectura no solo define la forma de los edificios, sino que también puede influir de manera directa en la salud y el bienestar de las personas. Espacios saludables para personas con Alzheimer es una guía de diseño elaborada por Healthy Architecture & City (HAC), grupo de investigación de la Universidad de Sevilla que desarrolla soluciones arquitectónicas orientadas a mejorar la calidad de vida de las personas con enfermedad de Alzheimer y de quienes las cuidan.
Desde concepto de arquitectura saludable, se busca crear entornos capaces de favorecer el bienestar físico, cognitivo y emocional de sus usuarios. A partir de estas tres dimensiones se constituyen las principales áreas en las que el diseño arquitectónico puede ejercer una influencia positiva. Aunque muchas de las estrategias se han desarrollado pensando en personas con Alzheimer, sus beneficios son extrapolables al conjunto de la población, ya que contribuyen a crear espacios más accesibles, confortables y fáciles de comprender.
La progresión del Alzheimer provoca síntomas que afectan a la memoria, la orientación, la movilidad o el comportamiento, y muchos de ellos pueden mitigarse mediante intervenciones arquitectónicas específicas. Así, la personalización de los espacios mediante objetos familiares o mobiliario tradicional ayuda a reforzar la memoria y el sentimiento de pertenencia. Del mismo modo, las vistas al exterior y el acceso a abundante luz natural favorecen la orientación temporal, permitiendo distinguir el paso de las horas y las estaciones del año.
La estimulación sensorial también desempeña un papel esencial. La guía propone incorporar jardines terapéuticos, huertos y otros espacios exteriores donde puedan realizarse actividades que estimulen los sentidos y fomenten la participación activa de los usuarios. Estas zonas verdes no solo favorecen la actividad física y cognitiva, sino que también contribuyen a reducir el estrés y mejorar el estado de ánimo.
Otro de los aspectos destacados es la importancia del confort ambiental. La presencia de luz natural, complementada con iluminación cálida, ayuda a crear ambientes tranquilos que disminuyen la ansiedad, mientras que mantener niveles bajos de ruido e incorporar sonidos naturales favorece la relajación. Asimismo, el empleo de colores cálidos, tonos neutros y contrastes adecuados facilita la identificación de los espacios y puede contribuir a reducir los cambios de comportamiento asociados a la enfermedad.
La accesibilidad y la orientación constituyen igualmente elementos clave. Los recorridos amplios, libres de obstáculos y barreras arquitectónicas facilitan la movilidad, mientras que la señalización clara mediante rótulos e información visual ayuda a las personas con deterioro cognitivo a reconocer los diferentes espacios y desenvolverse con mayor autonomía.
La guía organiza estas recomendaciones en tres grandes ámbitos de actuación. En primer lugar, los centros de día y centros terapéuticos, donde el diseño debe favorecer la relación con los espacios exteriores y las actividades de estimulación cognitiva. En segundo lugar, las residencias especializadas, que requieren entornos personalizados, confortables y conectados con zonas verdes para mejorar la calidad de vida de los residentes. Finalmente, el documento pone el foco en las viviendas, consideradas el entorno más importante para muchas personas con Alzheimer, ya que es donde pasan la mayor parte del tiempo. En estos casos, adaptar progresivamente el hogar a la evolución de la enfermedad permite aumentar la seguridad, mantener la autonomía y facilitar la permanencia en el domicilio durante más tiempo.
En concreto, la arquitectura puede convertirse en una herramienta terapéutica complementaria, capaz de responder a las necesidades específicas de las personas con Alzheimer mediante espacios que favorezcan la orientación, la estimulación sensorial, el confort y la autonomía, contribuyendo así a una mejor calidad de vida para pacientes y cuidadores.
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