Contagiarnos y contagiar con sólo respirar

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Son muchas las consultas que recibo acerca de la purificación de aire en locales cerrados y sobre todo mal ventilados. La desinformación acerca del riesgo que suponen este tipo de entornos cada vez es menor, pero igualmente no somos conscientes de la que se está revelando como una de las principales vías de contagio de la COVID-19 que son los aerosoles, en todos los entornos.

El virus SARS-CoV-2 se mantiene en las vías respiratorias superiores (cavidad nasal, faringe y laringe) y desde allí se contagia fácilmente. Es por ello por lo que cuando nos realizan una prueba de antígeno o una PCR se emplea un hisopo que se frota introduciéndolo por la nariz (cavidad nasal) y/o en la garganta (faringe) para tratar de recoger muestras.

Cuando hablamos (y más aún cuando gritamos, cantamos o tosemos) pequeñas gotas de saliva salen de nuestra boca. Estas gotas son peligrosas porque contagian, pero no viajan muy lejos. Suelen caer a los pocos centímetros y pueden llegar a contaminar superficies. Por ejemplo, cuando estamos en una entidad bancaria y hablamos con el empleado podríamos contaminar su mesa, ordenador, bolígrafos, etc. El empleado puede tocar estos elementos y tocarse la boca o nariz y resultar contagiado. Por eso se colocan las mamparas plásticas que evitan este tipo de contagios cercanos cuando la distancia no puede mantenerse.

El contagio más peligroso, sin embargo, procede de las emisiones de minúsculas gotas que emitimos al respirar o estornudar. Esas gotas, de las que no solemos ser tan conscientes, pueden permanecer en suspensión en el aire durante varias horas. No es necesario que hablemos, tosamos o estornudemos. El simple hecho de respirar hace que emitamos esas gotas en las que viaja el coronavirus y se pueden mantener en el aire hasta varias horas.

Por poner un ejemplo claro, en invierno todos comprobamos el vapor que sale de nuestra respiración y que podemos ver porque se condensa. Ese vapor sale de nuestra nariz y boca en cualquier época del año, y es en el que el virus viaja mayores distancias. Es lo que llamamos aerosoles.

Cuando nos cruzamos con alguien que hace ejercicio físico, esa persona respira con mayor intensidad, por lo que la emisión de aerosoles es más intensa. En tales circunstancias, la distancia física de 2 metros/6 pies no sería suficiente.

Estos aerosoles que permanecen en suspensión pueden burlar en locales cerrados y mal ventilados las medidas como las mamparas higiénicas.

La probabilidad de este tipo de contagio en locales cerrados puede reducirse mediante la ventilación o purificación del aire.

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