Querida claustrofobia, tenemos que hablar

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No será la primera vez —ni será la última— que, paseando por los pasillos de algún hospital, me encuentre con una de esas zonas de resonancia magnética a las que no querría tener que entrar ni en mis peores pesadillas. Por supuesto, la sola necesidad de entrar en una sala MRI tiene normalmente asociados temores que no son del agrado de nadie. Más allá de eso, el molesto ruido constante y la base rítmica del compresor de Helio sonando de fondo no son los mejores alicientes para hacer de la experiencia del paciente algo que fácilmente se afronte con calma y sosiego. Y si bien esto son condiciones inherentes al funcionamiento del equipo (ante las que podemos hacer poco), la experiencia empeora en el caso de esas salas de exploración que, aún a día de hoy, perviven con sistemas de iluminación obsoletos.

Las soluciones lumínicas de calidad son un gran activo en el presente si hablamos de arquitectura, sostenibilidad o urbanismo. Las recomendaciones técnicas nos hablan de intensidad lumínica, temperatura de color, uniformidad y miles de características que velan por alcanzar objetivos tan dispares como pueden ser, dependiendo del campo en que nos movamos, el bienestar de los trabajadores en una oficina, el atractivo de los productos que se exponen en un escaparate o las sensaciones que transmite un dormitorio a una pareja de recién casados.

En el caso de las salas MRI, no obstante, los hándicaps son tan variados que, durante mucho tiempo, se han normalizado condiciones lumínicas alrededor de la necesidad de que, sencillamente, “las luces no estorben”. Y no es para menos. Al fin y al cabo, lo fundamental en una sala de resonancia son las lecturas del equipo, y prescindir de sistemas que puedan interferir con las mediciones es fundamental a la hora de enfrentar este tipo de instalaciones. Hasta hace poco más de una década, la solución más extendida eran las luces incandescentes; una apuesta segura si se deseaba iluminar sin afectar al diagnóstico por imagen. Por fortuna, en el presente tenemos soluciones de iluminación tan imaginativas como las que podríamos encontrar en cualquier estudio de diseño, donde para empezar, las bombillas incandescentes ni siquiera son una opción, dado que se consideran un producto obsoleto.
 

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