Domesticación social de los robots de servicio de un hospital

Roger A. Søraa y Marianne E. Fostervold | 2021
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Este artículo, publicado en la revista International Journal of Human - Computer Studies, explora cómo los robots que no están diseñados para ser sociales pueden actuar y ser percibidos como tales, y qué forma adopta esta interacción social. Lo hace a través de un estudio de caso de los Vehículos Guiados Automáticamente (AGV) de un hospital noruego que interactúan con pacientes, enfermeras, cuidadores y entre otros.

Estos robots se encargan principalmente de trasladar mercancías como equipos médicos, alimentos y basura, y están programados para automatizarse, por ejemplo, para poder coger los ascensores del hospital por sí mismos. Aunque los robots no están antropomorfizados, nuestra investigación muestra una fuerte percepción de la autonomía de los AGV, concretamente en relación con la forma en que las voces y las apariencias de los robots pueden hacerlos más aceptables al parecer más "vivos".

Participan en un complejo proceso de domotización como actores no humanos que se relacionan con los actores humanos que también frecuentan los pasillos del hospital, convirtiéndolos en parte de la vida, haciéndolos parte de la infraestructura de digitalización del hospital. Esto está especialmente ligado a su dialecto local noruego y a la proyección de su torpeza, que les da un sentido de personalidad, o una impresión de ser criaturas amistosas parecidas a los animales que uno puede disfrutar observando sin interactuar con ellos. Esto se debe a la domotización de los robots sociales como tecnología sanitaria.

La primera dimensión es la domotización práctica, en la que el uso de la voz como "factor humano" en robots no antropomorfizados puede ser de gran valor, si se hace bien, al hacerlos más accesibles. Una voz no estandarizada puede ser una herramienta eficaz para dotar al robot de personalidad. La segunda dimensión es la domotización simbólica, que consiste en ver cómo los robots no antropomorfizados presentan formas novedosas de conseguir la confianza del del público. Cuando la gente llega a conocer al robot no perfecto en sí mismo, no enmascarado como persona o animal, hay interés y confianza en la máquina. La última dimensión es la domotización cognitiva, que consiste en ver cómo las prácticas humanas cambian a través de la interacción con la tecnología. Además, sugerimos que hay una cuarta dimensión, que denominamos Domotización Social.

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