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Fecha: 03/12/2018

Procedencia: Pinearq

Web: ver aquí

Autor: Roberto Cortés, arquitecto de Pinearq

 

Es conocida por todos la capacidad que tiene el entorno inmediato de repercutir en la salud y en el bienestar de las personas, así como que todos los elementos que rodean a una persona ingresada en un hospital influyen en su estado de ánimo y, por lo tanto, en su recuperación. Pues bien, este concepto se eleva a la enésima potencia cuando hablamos de un hospital infantil.

Entendemos el hospital infantil como aquel especializado en el tratamiento de las enfermedades de los niños: hospitales con necesidades programáticas distintas a la de un hospital de adultos y que requieren de una especial sensibilidad en el tratamiento arquitectónico, pues sus usuarios, debido a su alta dependencia respecto a quienes les rodean (familiares, cuidadores, etc), necesitan que su nuevo entorno, ese que no les es cotidiano y que supone una ruptura con lo que les es conocido, sea el encargado de facilitar la adaptación y conseguir que este cambio sea lo menos traumático posible.

Para ello, el diseño hospitalario ha de sumar a los conceptos ya instaurados características como la funcionalidad, flexibilidad, tecnología, los conceptos de humanización y pediatrización de espacios; es decir, dotar al edificio hospitalario de la capacidad de mimetización con el entorno infantil, de manera que el niño pueda desarrollar en la medida de lo posible sus actividades cotidianas.

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