Residencia para ancianos Casa Ella – Villaggio Santa Elisabetta

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Un proyecto abierto a la comunidad

Entre los manzanos del Tirol del Sur, a medio camino entre Bressanone y Varna, el proyecto redefine el concepto de residencia para personas mayores. Casa Ella o Villaggio Santa Elisabetta, que abriró sus puertas en junio de 2025, no es solo una estructura sanitaria asistencial, sino que se presenta como un verdadero elemento de integración urbana en un área de transición entre la ciudad y el campo.

El proyecto, desarrollado por el estudio Pinearq en colaboración con Cooprogetti y Solarraum, interpreta la tipología de una residencia para mayores como una oportunidad para generar nuevas relaciones entre la comunidad local y el territorio. El diseño, que se extiende sobre una superficie de aproximadamente 7.600 metros cuadrados, abandona deliberadamente el modelo hospitalario y se organiza como un microcosmos de edificios bajos dispuestos en torno a patios interiores, dialogando con la escala de las edificaciones residenciales circundantes.

El proyecto no se limita a responder a la situación actual del entorno, sino que adopta una visión prospectiva, anticipando la evolución que experimentará esta zona en las próximas décadas. Por un lado, se plantea la conservación de la memoria del paisaje agrícola, especialmente del manzano como elemento identitario, integrando la intervención en un contexto caracterizado por edificaciones de pequeña escala. Por otro, se asume la responsabilidad de establecer criterios volumétricos, tipológicos y urbanos capaces de orientar las futuras construcciones del ámbito. De este modo, la propuesta se configura como una matriz generadora que puede guiar de forma coherente el desarrollo del entorno construido a largo plazo.

 

La plaza pública como nueva centralidad urbana

El corazón del proyecto es una plaza pública que se abre hacia la Alte Strasse, concebida como el nuevo punto focal del barrio. En este espacio se encuentra el centro de día de la residencia, diseñado no como un servicio aislado, sino como un catalizador de actividades abiertas a la ciudadanía: una iglesia, una cafetería independiente, una lavandería y tres consultorios de barrio, uno de ellos pediátrico, conforman un programa funcional que transforma este lugar en un verdadero centro cívico. Desde Pinearq explican: “Bressanone, y aún más Varna, carecen de muchos espacios públicos fuera del centro. Crear un centro más público al aire libre no es un sacrificio en términos de optimización de espacios, sino algo necesario para el futuro desarrollo de la ciudad.”

 

Paisaje y transición entre ciudad y entorno agrícola

La transición entre la dimensión urbana y agrícola se realiza a través de un sistema articulado de espacios abiertos que, como una membrana permeable, envuelve todo el complejo. El diseño paisajístico reproduce deliberadamente el entramado de los manzanos circundantes, un elemento distintivo del paisaje del Valle de Isarco, integrándolo con caminos peatonales y áreas equipadas que forman parte de un circuito urbano más amplio. No se trata de un límite, sino de un espacio osmótico donde la nueva residencia dialoga con la ciudad mediante una secuencia de jardines temáticos y espacios comunes.

Es especialmente interesante la interpretación de los espacios verdes privados: cada núcleo habitacional cuenta con su propio patio con características específicas. Desde la fase de concurso, el diseño y la ejecución de estas áreas verdes evolucionaron de manera autónoma, involucrando a otros expertos, destacando una vocación más montañesa.

 

Contexto alpino, materialidad y sostenibilidad constructiva

El contexto montañoso también ha influido en las decisiones constructivas y de materiales. El edificio más alto, que alberga los apartamentos para mayores autosuficientes y se sitúa parcialmente sobre el centro de día, interactúa con el complejo hospitalario vecino, ofreciendo protección visual y acústica a la plaza y a los edificios más bajos. La sostenibilidad ambiental se ha perseguido mediante soluciones específicas: una estructura prefabricada de madera para los niveles superiores y elementos prefabricados de hormigón para las áreas en contacto con el suelo, optimizando así los tiempos de construcción. El uso de pino termotratado para las fachadas, un material resistente a las inclemencias del tiempo, la humedad y el frío característicos del clima alpino, no solo responde a criterios de sostenibilidad ambiental —el proyecto aspira a la certificación CasaClima clase A e integra la red de calefacción urbana—, sino que establece una continuidad material con la tradición constructiva local.

“Desde el inicio del proyecto, incluso en la fase de concurso, la idea era establecer un vínculo con las características y tradiciones montañesas del lugar. La altura de dos plantas se planteó para mantener las proporciones de la arquitectura local, tomando como referencia la estructura del maso, también en la elección de los materiales de los niveles inferiores y superiores”, explican desde el estudio.

 

Arquitectura para la quinta generación

El modelo KDA

El proyecto sigue además las directrices del KDA (Kuratorium Deutsche Altenhilfe), el modelo alemán para residencias de quinta generación, basado en tres principios fundamentales: vida privada, vida en comunidad y vida en sociedad. Este enfoque encuentra en la composición arquitectónica una traducción espacial perfecta: desde la intimidad de las unidades habitacionales se pasa gradualmente a los espacios comunes interiores, para finalmente abrirse a la dimensión pública de la plaza y los servicios compartidos.

 

Escala doméstica y organización convivencial

Esta gradualidad también se refleja en la organización interna de los espacios residenciales: cada unidad acoge a solo 12 personas, creando mini-comunidades que recuerdan a grandes hogares familiares. Los espacios comunes están diseñados para esta escala, con cocina, comedor y sala de estar separados, fomentando la movilidad de los residentes durante el día. Se prestó especial atención a la orientación: de manera contra intuitiva, las zonas de descanso están orientadas al norte, mientras que los espacios comunes miran al sur, incentivando a los residentes a aprovechar los espacios colectivos durante el día, beneficiándose de la mejor exposición solar.

 

Una nueva concepción de residencia

Así, se configura una nueva manera de concebir las residencias para mayores, ya no como estructuras aisladas, sino como parte integral del tejido social y urbano. El Villaggio Santa Elisabetta demuestra cómo un programa funcional tan complejo como el sanitario-asistencial puede ser una oportunidad para repensar los márgenes urbanos, generando nuevas centralidades y fortaleciendo el sentido de comunidad. Un enfoque que vislumbra el futuro de las residencias para mayores como lugares abiertos e inclusivos, donde la calidad de vida de los residentes pasa también por mantener relaciones vivas con el contexto social y ambiental que los rodea.

 

Principios y retos del diseño para la quinta generación

La cuestión de la quinta generación es el reconocimiento de la evolución de la arquitectura del siglo XX. Durante décadas hemos construido residencias para personas mayores que eran básicamente hospitales con largos pasillos, habitaciones estandarizadas y espacios colectivos anónimos. Estas estructuras medicalizaban el envejecimiento en lugar de acompañarlo, mientras que cuando hablamos de la quinta generación, nos referimos a un cambio de paradigma que se articula en torno a tres principios inseparables: domesticidad, comunidad y territorio.

Estos principios se traducen en garantizar la atención centrada en la persona, la vida significativa y comunitaria, y la integración urbana con la continuidad entre el interior y el exterior, estrategias que tratan de potenciar la individualidad, pero también la apertura a una comunidad más amplia.

La domesticidad significa construir entornos que una persona pueda reconocer y hacer suyos, donde sea posible llevar sus propios muebles, colgar fotografías, decidir si almorzar en la habitación, en el comedor o en el comedor común. La escala doméstica crea pequeñas unidades convivenciales, de hasta 12-15 personas, donde todos se conocen por su nombre y se crean vínculos afectivos.

La comunidad a nivel funcional se construye a través de la superposición de usos, el intercambio de servicios y la posibilidad de elegir diferentes grados de sociabilidad. El modelo alemán KDA, que teorizó la tríada vida privada-vida en comunidad-vida en sociedad, solo funciona si la arquitectura hace que esta gradación sea fluida y no rígida.

Hemos rechazado la idea de la residencia como enclave protegido y la hemos replanteado como infraestructura urbana que presta servicios al barrio, genera centralidad y produce espacio público. Esto ha requerido un valor poco común por parte de las administraciones, que se ha visto fomentado desde las primeras fases del concurso hasta el final de las obras: abrir una estructura asistencial a la ciudad significa aceptar una cierta imprevisibilidad, un cierto desorden vital.

El verdadero reto de la quinta generación es cultural antes que técnico, porque hay que convencer a los clientes y a las familias de que el envejecimiento no es una patología que haya que confinar, sino una etapa de la vida que hay que integrar en el tejido social. La arquitectura puede crear las condiciones físicas, pero se necesita un cambio de mentalidad colectiva a todos los niveles.

 

Domesticidad, comunidad y territorio

El primer paso fue abandonar el volumen compacto para encarnar el principio de domesticidad, disolviendo la masa edificada en una pequeña constelación de edificios de dos plantas, organizados como casas alrededor de patios. Se trata de una elección perceptiva, ya que un edificio monolítico, por muy bien diseñado que esté, siempre transmite institucionalidad, mientras que un sistema de pequeños volúmenes transmite la idea de barrio.

El principio de comunidad se traduce en la estructura de las unidades convivenciales. Doce residentes por unidad, cada una configurada como una verdadera casa: comedor con cocina americana, salón, espacio para actividades diferenciadas. La movilidad interna es terapéutica, ya que desplazarse de un ambiente a otro, elegir dónde pasar el tiempo, son actos de autonomía cotidiana que mantienen activas a las personas, pero en un espacio abierto indiferenciado esta posibilidad de elección desaparece.

En el territorio, el edificio aplica la traducción más radical de los principios teóricos con la creación de una plaza central que invierte la lógica tradicional de la residencia para personas mayores. En lugar de cerrarse, se abre al territorio. Alrededor de esta plaza hemos concentrado los servicios públicos (capilla, cafetería, lavandería, consultorios, comedor), pensados para ser utilizados tanto por los huéspedes de la estructura como por los residentes del barrio. Esto genera un flujo continuo de personas que entran por motivos que no tienen nada que ver con la asistencia geriátrica y es lo que impide que la residencia se convierta en un enclave separado. También los espacios verdes exteriores se han concebido como un parque público, accesible a los residentes del barrio.

Estos elementos materializan lo que llamamos multisostenibilidad: una residencia que produce espacio público es un recurso urbano, no una carga para la comunidad.

 

Integración urbana y relación con el paisaje

El terreno se encuentra en una situación paradigmática. Estamos en una franja residual donde los manzanos están desapareciendo poco a poco para dar paso a nuevos barrios, donde Varna y Bressanone se tocan y se están convirtiendo en un único conglomerado urbano. El espacio para la expansión urbana está muy limitado tanto por la conformación geográfica como por la presencia de infraestructuras pesadas. Esto nos ha colocado en una posición de gran responsabilidad, en la que el edificio se ha concebido como un elemento fundacional: la primera pieza que establece las reglas volumétricas, tipológicas y urbanísticas para todo el desarrollo futuro de la zona.

Hemos asumido la condición liminar entre lo urbano y lo agrícola como una oportunidad, no como una limitación. El parque continuo que rodea todo el complejo es un espacio público diseñado para acoger a los residentes del barrio y crear oportunidades de encuentro con los usuarios de la residencia. Esta superposición de usos es esencial para activar la vida social y evitar la segregación.

En el plano constructivo, la madera termotratada y la similitud morfológica con la granja ofrecen una continuidad cultural con el paisaje alpino. La altura contenida se adapta al contexto y alterna volúmenes bajos con elementos puntuales que destacan, como el campanario y el edificio de apartamentos. En un paisaje dominado verticalmente por las montañas, la arquitectura debe saber medirse, no competir.

 

Gradación espacial: de la intimidad a la vida colectiva

La tipología tradicional de la residencia para personas mayores se basa en una secuencia excluyente: habitación-pasillo-servicios. Desde la habitación privada se sale a un espacio neutro y anónimo para acceder a funciones especializadas. Aquí se decidió construir, en cambio, una secuencia de inclusión gradual: habitación - salón de la unidad - patio interior - plaza pública. Cuatro grados de exposición social que la arquitectura hace permeables y reversibles.

El complejo está organizado como un barrio de edificios en forma de L que generan patios interiores. La plaza principal se desarrolla a lo largo del eje viario y está concebida como elemento de conexión entre la residencia y el barrio, donde se concentran los servicios compartidos.

Los tres niveles que se articulan son: el privado (habitaciones y espacios personales); el asistido (espacios de la unidad convivial con servicios de cuidados, comedor y sala de estar compartidos); el comunitario: plazas, patios y servicios abiertos al barrio.

Las variaciones de escala hacen operativa esta gradación entre los niveles. La habitación es un espacio recogido, la sala de estar de la unidad tiene proporciones domésticas, el patio interior puede acoger a 30-40 personas y la plaza pública está dimensionada para todo el barrio. Esta gradación dimensional corresponde a la capacidad de cada uno para gestionar diferentes grados de convivencia social.

Los sistemas de patios son esencialmente espacios intermedios donde se producen encuentros espontáneos entre los usuarios de diferentes unidades. Son como jardines domésticos, protegidos pero abiertos y todos diferentes.

Las diferencias de exposición solar sustentan esta coreografía del cuidado. Las zonas de descanso orientadas al norte garantizan silencio y protección, mientras que los espacios sociales abiertos al sur fomentan su uso durante las horas diurnas gracias al confort ambiental. Es una elección contraintuitiva pero deliberada, ya que la iluminación solar fomenta la permanencia, la sociabilidad y la actividad.

 

Sostenibilidad

La residencia plantea un desarrollo sostenible basado en cinco características complementarias:

  • Verificación del confort y del bajo impacto en el entorno construido y natural.
  • Sostenibilidad ambiental: Se garantiza el cuidado y la protección de la naturaleza, gestionando de manera eficiente y responsable los recursos naturales con preservación.
  • Eficiencia de los sistemas mecánicos y eléctricos: Optimización de la energía.
  • Eficiencia energética: Capacidad para maximizar el uso de la energía, minimizando el consumo sin sacrificar el confort o la productividad de sus ocupantes.
  • Sostenibilidad social, empresarial y económica.

El edificio opta al sello de CasaClima Nature, la certificación de sostenibilidad italiana para aquellos edificios que reducen su impacto negativo en el medio ambiente además de mejorar la salud y bienestar de las personas

En la construcción de la residencia se han utilizado materiales con un alto porcentaje de componentes reciclados, recuperables o reciclables, como madera para la estructura divisoria interior, suelos de linóleo, estructura de madera para la cubierta, cerámica y ladrillos, falsos techos, etc. En total, el proyecto cuenta con 6.822 toneladas de materiales reciclados, el 21% del material total de la obra.

 

Data del proyecto

Nombre proyecto: Residencia para ancianos Santa Elisabetta - Ella Nursing Home

Localización: Via vecchia 13, Varna (Trentino-Alto Adige, Italia)

Tipología de usos: Sanitario – Residencia

Tipología de obra: Obra nueva

Superficie construida: 11.964m2

Año construcción: 2025

Arquitectura: PINEARQ – Albert de Pineda

Equipo diseño y obra: PINEARQ - Nicola Baldassarre, Salvatore Dentamaro, Sami Abdelkihaliq, Nicola Paltrinieri, Raffaella Scorziello, Lorenzo Marchi

Estructura: Cooprogetti (ing. Marco Giordani, ing. Matteo Bordugo, ing Maurizio Casoni, arch. P.N. Carnier, arch. M. Marson)

Ingeniería: Solarraum (ing. Oscar Stuffer)

Propiedad: Centro Anziani Sovracomunale Bressanone-Varna-Luson Soc. Cons. A RL

Construcción: Carron Bau GmbH

Fotografía: Oliver Jaist

 

Galería de imágenes

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