Tuberculosis en Europa. El reto pendiente del aire hospitalario
Este documento elaborado por Grupo Aire Limpio analiza la situación actual de la tuberculosis en Europa, poniendo énfasis en el aumento de las formas resistentes a los fármacos y el papel clave que desempeñan los entornos hospitalarios en su control.
En primer lugar, Europa concentra una proporción desproporcionadamente alta de tuberculosis resistente a nivel mundial. Según el informe conjunto del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 2026, en 2024 se estimaron 204.000 nuevos casos de tuberculosis en la región europea, con 15.000 muertes entre personas VIH negativas. Aunque desde 2015 se ha logrado una reducción del 39% en la incidencia, esta cifra queda lejos del objetivo del 50% fijado para 2025, lo que indica que las metas para 2030 no se alcanzarán al ritmo actual.
El documento destaca especialmente la gravedad de la tuberculosis multirresistente. Nueve de los treinta países con mayor carga mundial de tuberculosis resistente se encuentran en Europa, con unos 55.000 casos estimados de tuberculosis resistente a rifampicina o multirresistente en 2024. Además, la cobertura de tratamiento ha descendido al 79%, lo que implica que uno de cada cinco casos no es diagnosticado. La proporción de tuberculosis resistente en pacientes nuevos alcanza el 23% en Europa, frente al 3,2% global, y en pacientes previamente tratados llega al 51%, muy por encima de la media mundial.
En el caso de España, la situación también es preocupante. El documento señala que la tasa de notificación de tuberculosis ha aumentado entre 2020 y 2024, con un crecimiento medio anual del 5,3%. Además, casi un tercio de los casos corresponde a pacientes previamente tratados, lo que sugiere problemas como recaídas, reinfecciones o tratamientos inadecuados. A esto se suman otros desafíos, como el aumento de casos en población extranjera, la pérdida de pacientes durante el seguimiento y la falta de evaluación de resultados en un porcentaje significativo.
Un aspecto central es la naturaleza aérea de la tuberculosis. El 83% de los casos son pulmonares, lo que implica que la enfermedad se transmite mediante bioaerosoles en espacios cerrados. Esto convierte a hospitales, prisiones y otros entornos colectivos en lugares de alto riesgo, especialmente cuando se trata de tuberculosis resistente, cuyos tratamientos pueden prolongarse hasta 24 o incluso 36 meses. Este mayor tiempo de tratamiento implica también una mayor exposición y riesgo de transmisión.
Ante este escenario, el informe ECDC/OMS plantea varias prioridades:
- Mejorar la detección temprana mediante diagnósticos rápidos
- Garantizar la continuidad del tratamiento para evitar pérdidas en el seguimiento
- Adoptar un enfoque centrado en el paciente, especialmente en poblaciones vulnerables.
Finalmente, este documento enfatiza que el control de la tuberculosis no es solo un reto clínico, sino también ambiental. Los hospitales deben garantizar condiciones adecuadas para evitar la transmisión, mediante medidas como habitaciones de aislamiento con presión negativa, sistemas de ventilación eficaces, tecnologías de tratamiento del aire, monitorización continua de parámetros ambientales y validación periódica de áreas críticas. En este sentido, la calidad del aire interior se presenta como un elemento esencial de la infraestructura sanitaria y una herramienta clave en la lucha contra la tuberculosis resistente.
Grupo Aire Limpio, a través de Aire Limpio y Ambisalud, trabaja con hospitales en el diseño, instalación, monitorización y validación de entornos críticos.
Puedes leer el documento de Grupo Aire Limpio haciendo clic aquí.
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