El oxígeno medicinal en hospitales de campaña en guerra
Por qué el oxígeno medicinal es clave
Un hospital de campaña en guerra trabaja con una tensión que no existe en un hospital estable. El flujo de heridos cambia por horas, la evacuación puede detenerse, la electricidad puede fallar y las rutas de suministro pueden quedar cortadas. En ese contexto, el oxígeno medicinal pasa de ser un recurso de uso diario a convertirse en uno de los ejes de diseño.
El oxígeno sostiene funciones clínicas esenciales en todo el hospital de campaña:
- Quirófano y anestesia: sin oxígeno, la capacidad quirúrgica se reduce de forma inmediata.
- UCI y reanimación: la seguridad asistencial disminuye al faltar soporte para pacientes críticos.
- Ambulancias y traslados: se reduce el margen para estabilizar y transportar pacientes.
- Triaje y atención inicial: se limita la estabilización de pacientes con hipoxemia o shock.
Para la ingeniería hospitalaria, la pregunta no es solo cuántas camas tiene el hospital. La pregunta es qué demanda puede aparecer al mismo tiempo, durante cuánto tiempo y con qué respaldo si el suministro se interrumpe. Esa forma de pensar transforma el oxígeno en una infraestructura de continuidad asistencial.
El sistema completo, no solo la fuente
El error de partida consiste en reducir el problema a elegir entre cilindros, concentradores o planta PSA. La fuente importa, pero no basta. El sistema incluye almacenamiento, regulación, distribución, electricidad, alarmas, válvulas, puntos de uso, formación, mantenimiento, registros y reposición.
En paz, muchas de esas capas permanecen ocultas porque el hospital cuenta con proveedores, contratos, cuadros eléctricos y almacenes. En un conflicto bélico, cada capa queda expuesta. Si no hay combustible, la PSA se detiene. Si no hay central descompresora el cambio entre baterías depende de una maniobra manual. Si no hay válvulas por zona, una fuga puede obligar a parar una parte amplia de la red. Si no hay registro de botellas, la trazabilidad se pierde.
Por eso conviene diseñar el oxígeno como un sistema de tres niveles: una fuente de producción o suministro, una fuente de respaldo conectada y una reserva de proximidad en áreas de uso. Este esquema no elimina el riesgo, pero evita que un solo fallo detenga la atención.
Fuentes de suministro y criterio de selección
Los cilindros de oxígeno permiten dar respuesta durante el inicio de una emergencia. Sirven para habilitar una zona de reanimación, mantener la oxigenoterapia durante un traslado o alimentar un respirador cuando no existe una red disponible. Su límite aparece cuando aumenta el consumo. Cada cilindro requiere transporte, manipulación, control de presión, almacenamiento y reposición. En un entorno con rutas amenazadas, esta dependencia aumenta con rapidez.
Los concentradores de oxígeno reducen la necesidad de botellas. Funcionan tomando aire, separando el nitrógeno mediante adsorción y entregando oxígeno a pacientes con poco caudal o con consumo moderado. Son útiles en salas, áreas de observación y puestos sanitarios con poca demanda. Sus límites están en la disponibilidad de energía y en el caudal que pueden aportar. Por sí solos, no sustituyen una red de hospital destinada a quirófanos, UCI o pacientes con consumos de escala.
Las plantas PSA o VPSA, instaladas en módulos o contenedores, permiten producir oxígeno en el emplazamiento. En hospitales de campaña de 50 camas o más, o en misiones con duración, suelen ser la opción de referencia. Su ventaja es la autonomía frente a la cadena de botellas; su dependencia, la electricidad, el mantenimiento y los repuestos.
El oxígeno líquido puede cubrir consumos de escala, pero exige cadena de suministro, seguridad en criogenia y acceso del proveedor. En un escenario de guerra, su uso solo encaja cuando las rutas de suministro y la duración de la misión permiten sostener esa logística.

Figura 1. Selección de fuente según demanda y energía.
Fuente: gráfico extraído del documento base “Oxígeno medicinal en hospitales de campaña en guerra”, página 6; síntesis basada en metodología UNICEF y especificaciones OMS citadas en ese documento.
La figura 1 muestra una decisión basada en la demanda: cuando la demanda es baja, los cilindros y concentradores pueden cubrir la misión. En demandas intermedias, la PSA con respaldo de cilindros aporta equilibrio. En demandas por encima de 500 L/min, la fuente única deja de ser prudente y se requiere paralelismo o combinación con oxígeno líquido, además de red por zonas y reserva.
La planificación del oxígeno medicinal en hospitales de campaña y estructuras sanitarias temporales debe basarse en una combinación de fuentes —cilindros, concentradores, plantas PSA/VPSA y oxígeno líquido— seleccionadas según demanda clínica, autonomía logística, disponibilidad eléctrica, duración de la misión y seguridad del entorno. Esta aproximación es coherente con las especificaciones técnicas OMS-UNICEF para dispositivos de oxigenoterapia, con las guías OMS sobre fuentes y distribución de oxígeno, y con los estándares OMS para equipos médicos de emergencia y respuesta sanitaria en conflictos armados.
Dimensionamiento: demanda media y pico
El cálculo debe separar consumo medio y consumo pico. El consumo medio sirve para prever autonomía, combustible, reposición y volumen de cilindros. El pico sirve para definir fuente, regulación, diámetro de tuberías, alarmas y capacidad de reserva.
Un hospital de 10 camas puede operar con cilindros y algunos concentradores si tiene evacuación y consumo limitado. Un hospital de 50 camas entra en un punto en el que la logística de cilindros puede superar al equipo. Un hospital de 200 camas, con quirófanos y críticos, necesita producción, red y respaldo por niveles.
La práctica aconseja pensar en tres anillos. El primero es la reserva de 72 horas para la demanda de trabajo. El segundo es la reserva de proximidad para 6 a 12 horas en el quirófano, reanimación, UCI y evacuación. El tercero es una reserva de misión, vinculada a la ruta, al combustible y al riesgo de aislamiento.
Energía: el punto que decide la continuidad
Toda solución con concentradores o PSA depende de electricidad. Por tanto, el diseño de oxígeno y el diseño eléctrico deben avanzar juntos. La planta necesita alimentación estable, protección, ventilación, control de temperatura y plan de mantenimiento. Los respiradores, bombas, monitores y alarmas también dependen de esa misma cadena.
Una PSA sin electricidad no produce; una red sin alarmas pierde vigilancia; una UCI sin energía no puede aprovechar el oxígeno disponible. Por eso, la reserva de combustible forma parte del sistema de oxígeno. No debe gestionarse como asunto externo.
La configuración recomendada incluye generadores con redundancia, cuadro dedicado, protección frente a variaciones de tensión, alimentación de respaldo para alarmas y protocolo de prioridad de cargas. En caso de fallo de planta, el cambio a la central descompresora de cilindros debe ser rápido y conocido por el personal de guardia.
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