Eficiencia energética y recuperación de calor en Unidades de Tratamiento de Aire

DECACLIMA | JULIO 2026
Instalaciones Climatización Sostenibilidad Eficiencia energética y recuperación de calor en Unidades de Tratamiento de Aire

En un contexto en el que la eficiencia energética y la descarbonización son prioridades en el sector de la edificación, las Unidades de Tratamiento de Aire (UTA) adquieren un papel relevante dentro del consumo energético total del edificio. Más allá de su función tradicional de ventilación, estas unidades influyen directamente tanto en la demanda térmica como en el consumo eléctrico, especialmente en aquellos con altas necesidades de renovación de aire, como los hospitales. Optimizar su funcionamiento no solo permite reducir costes de explotación, sino también disminuir de forma significativa la huella de carbono.

Uno de los aspectos más relevantes en la mejora de la eficiencia de una UTA es la recuperación de calor. En una instalación convencional, el aire que se extrae del interior del edificio —ya climatizado— se expulsa al exterior perdiendo toda la energía que contiene. Sin embargo, mediante la incorporación de intercambiadores, es posible aprovechar esa energía para atemperar el aire exterior antes de introducirlo en el sistema. De este modo, en invierno, el aire extraído precalienta el aire frío entrante, mientras que en verano contribuye a reducir la temperatura del aire exterior, disminuyendo en ambos casos el esfuerzo que deben realizar los sistemas de calefacción o refrigeración. Este principio, sencillo, pero altamente eficaz, tiene un impacto especialmente significativo en instalaciones con grandes caudales de aire y muchas horas de funcionamiento, en las que la energía recuperada se traduce directamente en una menor demanda energética y, por tanto, en una reducción del consumo energético.

A este ahorro térmico se suma el papel de los ventiladores, responsables del movimiento del aire dentro de la instalación y de una parte importante del consumo eléctrico. La incorporación de ventiladores con motorización EC supone un salto cualitativo en términos de eficiencia, ya que ofrecen un mayor rendimiento, eliminan pérdidas mecánicas asociadas a sistemas tradicionales y permiten una regulación precisa de la velocidad. Esta capacidad de adaptación resulta especialmente relevante, ya que no siempre es necesario operar al caudal máximo. Ajustar el funcionamiento a la demanda real del edificio —en función de horarios, ocupación o calidad del aire— permite reducir considerablemente el consumo energético. Además, la relación entre caudal y potencia en los ventiladores hace que pequeñas reducciones en el caudal se traduzcan en descensos significativos en la energía consumida, lo que refuerza el potencial de ahorro cuando existe un control adecuado.

No obstante, la eficiencia de una UTA no depende de un único elemento, sino de la integración de múltiples factores que actúan de forma conjunta. La calidad de la envolvente de la unidad, por ejemplo, influye en las pérdidas térmicas y en la estanqueidad del equipo, evitando fugas de aire y asegurando el aprovechamiento de la energía recuperada. Del mismo modo, una correcta filtración y un mantenimiento adecuado son fundamentales para evitar incrementos en las pérdidas de carga, que repercuten directamente en el consumo eléctrico. Todo ello debe ir acompañado de una estrategia de control que permita adaptar el funcionamiento del sistema a las condiciones reales de uso, integrando variables como temperatura, presión, caudal o concentración de CO₂.

Cuando estos elementos se combinan de forma adecuada, el impacto es claramente visible, en términos energéticos como económicos.

Por ejemplo, en un caso orientativo de una UTA hospitalaria de 10.000 m³/h, pueden estimarse órdenes de magnitud representativos si se consideran las siguientes hipótesis: 2.500 horas anuales de funcionamiento, una eficiencia de recuperación en torno al 75 % y un sistema de producción térmica mediante bomba de calor con un COP/EER próximo a 3. En estas condiciones, la recuperación de calor permite ahorrar unos 31.000 kWh eléctricos anuales.

A este ahorro térmico se le puede añadir el ahorro asociado al uso de ventiladores con motorización EC. Su capacidad de regulación permite reducir el consumo eléctrico aproximadamente 4.000 kWh/año.

Traduciendo estos ahorros a términos económicos y dependiendo del precio de la energía considerado, esto representaría una reducción de costes del orden de 7.000 € anuales, lo que supone un ahorro significativo.

En este contexto, las UTAs de la serie GC de DECACLIMA representan una solución eficiente para garantizar el confort y la calidad del aire interior, al tiempo que reducen el consumo energético.

 

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