Envejecer con vistas es envejecer con mejor salud

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Uno de los grandes retos que tenemos en este siglo XXI es como gestionaremos el crecimiento y el envejecimiento de las ciudades, fenómenos que se derivarán del continuo aumento de las migraciones que se producirán hacia ellas, y del gran incremento del porcentaje de personas mayores, y sobre todo de las muy mayores, en sus poblaciones. A estas personas se les deberá poder ofrecer las oportunidades, los productos, los servicios y las instalaciones que les permitan sentirse integradas y envejecer en buenas condiciones. Aumentará mucho la demanda y esta será muy diversa puesto que el grupo de las personas mayores es cada vez más heterogéneo. Cabe la posibilidad de que no se tengan los recursos suficientes para poder responder a ella, como por ejemplo el de no disponer de suelo urbano edificable para construir espacios adecuados y confortables para las personas que quieran vivir la vejez en su comunidad.

Para dar una respuesta a esta situación de escasez de suelo urbano edificable, que se da ya actualmente en muchas grandes ciudades, proponemos construir pequeñas unidades residenciales para personas mayores en los terrados y cubiertas de edificios de la ciudad (*).

Se aprovecharían espacios elevados en desuso para colocar construcciones ligeras y fáciles de instalar, con estructura y distribución innovadoras que protejan bien de la climatología y que, a la vez, posibiliten ser adaptadas de forma progresiva a nuevas necesidades que vayan apareciendo. Serían residencias luminosas y aireadas pensadas con criterios de sostenibilidad.

Proponemos crear unos espacios para la vejez, con una visión multigeneracional que permitirían a un mayor número de personas habitando ciudades envejecer en su comunidad o más cerca de ella, si así lo desean, y que al mismo tiempo favorecerían la interacción con personas más jóvenes ideando modos originales de compartir su uso.

Uno de los principales escollos que podría haber sería la normativa municipal en lo referente a la altura reguladora, pero al proponer una construcción ligera y desmontable quedaría a la elección de cada consistorio su aprobación.

A raíz de los graves problemas sufridos durante la pandemia se ha hablado mucho de que tenemos que repensar los modelos de residencias para personas mayores y asimismo de la conveniencia de ir modificando las normativas para facilitar maneras alternativas de vivir en la etapa de la vejez, distintas de la residencia clásica de personas mayores o de la fórmula “envejecer en casa” que es la que nos ha inspirado la idea que planteamos en el presente artículo.

Está demostrado que envejecer lejos del entorno en que se ha vivido, cuando ello no se desea, tiene efectos perjudiciales para la salud. Al mismo tiempo, se ha demostrado que el espacio físico en el que habitamos influye en nuestro bienestar tanto físico, como mental, así como en nuestro estado de ánimo. 

Por ejemplo, existen estudios que determinan que la iluminación natural tiene un papel esencial en regular el sistema endocrino, la síntesis de la vitamina D, los mecanismos inmunológicos y la regulación cardiovascular. Las vistas que nos ofrecen los tejados, donde el punto de mira se aleja y observamos el horizonte, repercuten de manera positiva en nuestro estado de ánimo.  Cuando contemplamos un paisaje, incluso urbano, el ritmo ocular se relaja y se produce una atención dirigida por el interés con efectos positivos a nivel cerebral.

 

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