Maternity Tales - Explorando la historia de los espacios de maternidad

Emma Cheatle | 28/10/2016
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Maternity Tales es un proyecto de investigación que se ha desarrollado a lo largo detres años liderado por la Dra. Emma Cheatle de la Universidad de Newcastle. Examina los edificios y espacios interiores utilizados para el parto en Inglaterra a partir del siglo XVII y evalúa su impacto en el desarrollo de las prácticas de maternidad.


Hasta la década de 1750 todos los nacimientos ocurrían en entornos domésticos. Después del parto las madres permanecían en cama durante un mes hasta que retornaban paulatinamente a sus labores domésticas. Ese período era conocido como "lying-in". El lying in se llevaba a cabo a los primeros signos de un inminente parto. Se ocupaba el dormitorio principal de la vivienda, convirtiéndolo en un espacio estanco a la luz y al aire, cerrando todas las aberturas de la casa, bajo la creencia que la luz y el aire eran dañinos y que podían conducir a la temida fiebre puerperal, una enfermedad tremendamente peligrosa (esencialmente una infección) experimentada después del parto. Los hombres no participaban del parto, del cual participaban la partera y por lo menos cinco mujeres más para ayudar al nacimiento.



A partir de 1750 aparecen las maternidades. Las maternidades fueron los primeros hospitales especializados y comenzaron una era de instituciones en general, desde espacios de bienestar como asilos y hospitales hasta centros de reunión intelectual. Las maternidades eran organizaciones benéficas filantrópicas dirigida a mujeres pobres (aunque casadas) que carecían de los fondos necesarios para pagar hogares decentes, y mucho menos un buen cuidado de partería. Aunque indudablemente ayudaron a muchas mujeres, los nuevos hospitales fueron ideados y controlados por hombres, al principio ocupando grandes casas y, a medida que avanzaba el siglo, adquiriendo edificios hechos a propósito para alojar partos. En contraste con las habitaciones estancas, oscuras y sin aire, se trataba de espacios altos de diseño neoclásico, con espaciosas salas de 6 a 8 camas y grandes ventanales. Sus ventajas –incluyendo los espacios diáfanos y aireados, el acceso a nuevas formas de cuidado y los espacios de descanso- contrastaban con sus desventajas- la falta de privacidad, un cambio en el control de su propio cuerpo al pasar a la institución, la medicalización del nacimiento y un aumento de la tasa de mortalidad por fiebre puerperal.


A lo largo del siglo XIX, el nacimiento presentó varias prácticas experimentales en estos espacios destinados al parto. Los hombres parteros fueron gradualmente llamados obstetras. Aunque la inmensa mayoría de las mujeres continuaron dando a luz en el hogar –de hecho no fue hasta 1940 que más del 50% de las mujeres dieron a luz en el hospital- la atención al parto había cambiado y las prácticas e ideas probadas en los hospitales afectaron el parto en casa. La luz y el aire fresco pasaron a considerarse importantes. Instrumentos tales como pinzas de partería se hicieron más comunes, y los hombres comenzaron a ser llamados a la cámara de nacimiento a favor de las parteras tradicionales, particularmente por las clases media y alta.


 



 


 


 


Consulte el documento original en inglés aquí


 

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